En su comienzo, el esqueleto de un bebé está compuesto por cartílagos y frágiles membranas (pausa), pero a los tres meses, estas membranas y cartílagos empiezan a convertirse en huesos, brindando protección a las vísceras y un armazón sólido para los músculos. A finales del segundo mes de desarrollo del feto, su esqueleto está formado por finas membranas, casi del grosor del papel de seda, (pausa) y por cartílago blando y flexible como el que encontraría en la oreja. Con el tiempo, estos dos tipos de tejido se convertirán en hueso mediante un proceso denominado osificación. Hay dos rutas a la osificación… la primera es la conversión de membranas en hueso.
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