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  • hace 15 años
Lo tuve entre mis brazos y sus piernas se desparramaron en el pasillo del jet. Yo había decidido que el cadáver de mi hijo no viajara en el ataúd, sino en el pasillo del avión, porque la caja donde lo llevaba no cabía. -¡Sáquenlo, me lo llevo en brazos!, le dije a los ayudantes de la funeraria que nos habían llevado hasta el aeropuerto de Toluca.
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