Distinguir cuándo una persona miente o dice la verdad es muy difícil. Investigaciones recientes sugieren que crear y mantener una mentira supone un considerable esfuerzo cognitivo, y que ese esfuerzo puede ser observable, ayudando a detectar las mentiras. Cuando se aumenta la carga cognitiva de los participantes mediante la simple instrucción de mirar a los ojos del entrevistador, los interlocutores pueden cazar al mentiroso por encima del nivel de azar.
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