Toro le dice a Lobo que se lleve el salmón más rosa, «que es el bueno». Pero el salmón de granja saldría pálido: al pienso le añaden un pigmento, y el fabricante les da a los criaderos un abanico de colores para elegir el tono. En 2003, tras una demanda en Estados Unidos, los supermercados empezaron a poner «color añadido» en la etiqueta.
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