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  • hace 2 días
Las violentas manifestaciones registradas el pasado fin de semana en Francia han desencadenado una grave crisis de seguridad y orden público que ha obligado a decretar toques de queda en grandes ciudades como París, Lille, Niza y Lyon. Los altercados se han saldado con cientos de coches quemados, comercios saqueados, cientos de heridos y un fallecido. Lo que comenzó como un movimiento estudiantil en los suburbios parisinos y en los territorios de ultramar más desfavorecidos se ha transformado en un frente común de movilización social. Las reivindicaciones abarcan la exigencia de una educación pública de calidad, la mejora de las condiciones laborales de los funcionarios, el freno a la pérdida de poder adquisitivo y el rechazo a la extrema derecha ante las elecciones presidenciales de mayo de 2027.La chispa del conflicto prendió el pasado mes de septiembre en institutos de barrios populares, donde los estudiantes denunciaron la falta de profesores y el deterioro de las infraestructuras. Organizaciones como la Union syndicale lycéenne (USL) y la Union étudiante lideran las marchas estudiantiles, respaldadas posteriormente por las universidades públicas. Para la juventud de las periferias, las dificultades académicas reflejan una desigualdad estructural en el país. Es el caso de Elia, una joven de 16 años de Seine-Saint-Denis que se vio obligada a abandonar las aulas a los 15 años por problemas de aprendizaje sin recibir apoyo escolar ni disponer de recursos económicos. La joven resume su situación señalando: "Estamos desescolarizados porque el sistema francés nos ha abandonado, sobre todo la educación nacional", añadiendo que "Si vienes de la periferia, estás jodida".A las protestas estudiantiles se han sumado los chalecos amarillos, movimiento heterogéneo que ya sacudió el país en 2018 contra la subida de los carburantes. Ocho años después, el desgaste del Ejecutivo liderado por Emmanuel Macron y el encarecimiento de la vida han vuelto a llevar a este colectivo a las calles. La precariedad económica se refleja en los indicadores oficiales: en 2024, el 15,4% de la población de la Francia metropolitana vivía por debajo del umbral de pobreza, la cifra más elevada registrada desde 1996 según el INSEE. Asimismo, las centrales sindicales de funcionarios como la CGT, Solidaires y Force ouvrière han convocado paros junto a personal sanitario y docente para exigir incrementos salariales frente a la inflación y denunciar los recortes en sanidad, educación y pensiones aplicados desde 2017.La geografía de los disturbios presenta además rasgos inéditos. Según el sociólogo Jean-François Amadieu, resulta novedoso que los estallidos de violencia se produzcan en el centro de las ciudades y en municipios de tamaño medio, dado que históricamente quedaban relegados a los suburbios. Esta expansión responde a que la precariedad afecta ya a zonas tradicionalmente más prósperas y al papel articulador de las redes sociales entre los jóvenes.La autoría de los episodios violentos ha generado una intensa controversia política. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, ha señalado a la extrema izquierda radical como responsable de parte de los ataques contra el mobiliario urbano y las fuerzas del orden, refiriéndose a una "nebulosa muy organizada". Por su parte, la socióloga Séverine Mayol, profesora de la Universidad de Nantes, sostiene que los disturbios no obedecen a un movimiento centralizado, sino a lo que su colega Manuel Cervera-Marzal define como "superposición de crisis y contestaciones" marcada por la desafección hacia la clase política.Mayol puntualiza que no se debe equiparar las protestas escolares con los actos vandálicos, recordando que "cerca del 90% de los detenidos son mayores de edad, sobre todo hombres de entre 18 años y la treintena". Respecto al origen ideológico de los altercados, la experta advierte de que un informe parlamentario de 2023 confirma la participación de grupos de ultraderecha en la violencia urbana, y señala que "El RN se apropia de estos acontecimientos y gana votos mediante el miedo y la conocida mecánica de las imágenes impactantes que se repiten en bucle".Desde el ámbito político municipal, Laurent Sorel, teniente de alcalde de París por L'Après, considers que los disturbios son consecuencia de años de oídos sordos institucionales que han provocado que "la tapa de la olla a presión salte". El dirigente rechaza que la violencia esté alimentada exclusivamente por la izquierda y recalca que el descontento abarca a amplios sectores de jóvenes periféricos que buscan ser escuchados. 

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