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  • hace 5 minutos
La chispa de las protestas se prendió el pasado 21 de septiembre en el instituto Saint-Exupéry de Créteil, situado en las inmediaciones de París. Los estudiantes de este centro salieron a las calles para denunciar la falta de profesores, la pérdida de horas lectivas y el deterioro generalizado de las instalaciones educativas. Esta acción inicial derivó rápidamente en un movimiento de alcance nacional que llegó a su punto álgido el 29 de septiembre, cuando los alumnos se sumaron a la huelga general de los trabajadores públicos.Las demandas de los manifestantes se centran en las deficientes condiciones materiales de los centros públicos, donde se registran aulas masificadas con hasta 35 alumnos, instalaciones dañadas y una patente falta de equipamiento informático. Además, el cuerpo docente sufre problemas estructurales para cubrir plazas debido a los bajos salarios y las difíciles condiciones laborales, a lo que se suman los retrasos en los pagos a los profesores contractuales por falta de fondos públicos. La convocatoria se difundió masivamente a través de redes sociales como TikTok o Snapchat, ampliando el seguimiento entre la juventud.Las protestas han puesto de manifiesto una profunda desigualdad territorial entre los centros educativos de zonas con menor renta y alta población migrante, como Seine-Saint-Denis, frente a las instituciones situadas en los distritos más acomodados. A esta brecha se añade el malestar de los estudiantes universitarios ante el incremento del coste de la vida y la subida del 25% en las tasas universitarias públicas desde el año 2020. Según datos de la organización Union Étudiante correspondientes a 2025, casi la mitad de los universitarios franceses, un 48%, se vio obligado a renunciar a alimentarse por motivos económicos.La indignación social se ha visto agravada por el proyecto presupuestario del Ejecutivo para el año 2027, el cual contempla un ajuste fiscal de 54.000 millones de euros. Los estudiantes temen que este plan implique recortes severos en el sistema educativo y la eliminación de las ayudas al alquiler de vivienda para los hogares más modestos.Aunque la mayor parte de las acciones se han desarrollado de forma pacífica, diversos bloqueos derivaron en altercados con las fuerzas de seguridad, con incendios de contenedores y accesos a institutos, dejando varios heridos y detenidos. El ministro de Educación Nacional, Edouard Geffray, afirmó que muchos de los implicados en actos de violencia no pertenecían a los centros afectados y pidió la colaboración de las familias para evitar el bloqueo de las aulas.El conflicto ha provocado un duro enfrentamiento en la escena política gala. El líder de La Francia Insumisa (LFI), Jean-Luc Mélenchon, calificó de irresponsable la actuación de las autoridades tras denunciar que el Gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu había solicitado la represión policial contra los jóvenes, animando a mantener los bloqueos. En respuesta, el Ejecutivo y los partidos de extrema derecha han acusado a la formación opositora de instrumentalizar el malestar estudiantil, en un clima crispado tras la polémica participación del alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, en los bloqueos escolares. De este modo, las protestas abren un complejo frente político para el Gobierno de Lecornu ante el temor de un empeoramiento de la crisis social. 

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