00:00un cepillo de dientes. Eso fue lo que, casi 10 años después, le puso nombre a un asesino.
00:07Durante todo ese tiempo, la prueba estuvo guardada en un laboratorio. Una mancha de
00:12sangre en una toalla, en una mochila rosa, en un documento de identidad. Nadie sabía
00:19de quién era. Esta es la historia de Lola, y de cómo un crimen que parecía imposible
00:25de resolver, terminó resolviéndose por un detalle que casi nadie vio venir. Lola Chomnales
00:31era una adolescente de Buenos Aires. Le gustaba leer. Era tranquila, curiosa, de esas chicas
00:38que todavía viven el verano como algo enorme. En diciembre de 2014, iba a pasar unos días
00:44de vacaciones en Uruguay, con su madrina. El destino, barra de balizas, en Rocha. Si nunca
00:51estuviste en balizas, imagínate esto. Casas de madera, calles de arena, poca luz eléctrica
00:57y kilómetros de médanos que se pierden hacia el horizonte. Un lugar donde la gente va justamente
01:03para desconectarse. Un lugar donde parece que no puede pasar nada. Lola llegó el sábado
01:0927 de diciembre, por la tarde. Al día siguiente, el domingo, salió a caminar por la playa. Llevaba
01:17su mochila. Adentro, una toalla, un pareo, un libro y su documento. Era una caminata como
01:24cualquier otra, de esas que hace todo el mundo en la costa. Pero Lola nunca volvió. Con
01:30las horas, la preocupación se volvió miedo. Empezó la búsqueda. Familiares, vecinos,
01:37policía. Y entonces, entre los médanos, a unos cientos de metros de la zona por donde
01:42había caminado, la encontraron. La autopsia confirmó lo peor. Lola había sido asesinada.
01:49Los peritos estimaron que el crimen ocurrió esa misma tarde de domingo, entre las 4 y las
01:556. Lo que vino después fue un caos. La policía empezó a detener gente. Primero, a la madrina
02:02de Lola y a su esposo. Después, a trabajadores de la zona. A un hombre que vendía artesanías
02:08en la playa. A otro que, según la prensa, había confesado algo que el propio Ministerio
02:14del Interior salió a desmentir. Casi 100 personas declararon. Y quiero dejar algo claro. La madrina
02:21y su familia fueron investigadas, pero nunca se probó nada en su contra. Fueron parte
02:26del dolor, no del crimen. Unas semanas después, el 14 de enero, apareció
02:32la mochila de Lola, enterrada en un médano cerca de donde la habían encontrado. Adentro
02:38había algo clave. Manchas de sangre que no eran solo de ella. Por fin había una pista
02:44real. ADN. Compararon ese ADN con el de todos los sospechosos. Uno por uno. Negativo, negativo,
02:53negativo. Ninguno coincidía.
02:56Entre esos sospechosos estaba un artesano apodado El Cachila. Un hombre que le había ofrecido
03:02estampitas a Lola en la playa. Su ADN también dio negativo. Y lo liberaron. El caso se fue
03:09enfriando. Pasaron meses. Después, años. Pero los padres de Lola no se rindieron. Viajaron
03:17una y otra vez a Uruguay. Contrataron peritos. Llevaron sus propias investigaciones a la justicia.
03:23Cambiaron jueces. Cambiaron fiscales. Y el expediente seguía ahí. En 2019, casi cinco
03:31años después, El Cachila volvió a ser detenido. Para la fiscalía, había estado en el lugar
03:37del crimen. Pero había un problema enorme. La sangre de la mochila no era suya. Entonces,
03:44¿de quién era? La respuesta llegó por un camino que pocos imaginaban. Una genetista,
03:51Natalia Sandberg, volvió a mirar ese perfil de ADN. Y en lugar de buscar una coincidencia
03:57exacta, buscó algo distinto. Parientes. Y encontró uno. Un hombre que estaba preso
04:04desde 2015 compartía parte de ese ADN. No era el asesino, pero era su medio hermano.
04:11Ese hilo llevó a los investigadores hasta Leonardo David Sena. Con una orden judicial,
04:17la policía entró a su casa y se llevó un objeto muy simple. Un cepillo de dientes.
04:22El resultado fue positivo. La sangre en las cosas de Lola era de él. Sena dio su versión.
04:30Dijo que solo había encontrado la mochila. Pero la justicia concluyó que esa historia
04:35no se sostenía. La mochila no podía haber estado, al mismo tiempo, donde él decía y
04:41donde estaba el cuerpo de Lola. En 2024, Leonardo David Sena fue condenado
04:46a 27 años y medio de prisión por el homicidio de Lola. Ese mismo año, el Tribunal de Apelaciones
04:53confirmó la condena. El cachila también fue condenado. Ocho años por encubrir el crimen.
05:00Casi una década después, el ADN que estuvo ahí desde el primer día por fin tuvo un nombre.
05:06Cuando se conoció una condena, los padres de Lola dijeron que sentían alivio. Pero también
05:12dijeron algo que resume todo este caso. Que la verdadera justicia sería que Lola estuviera
05:18viva. Contame en los comentarios. ¿Crees que la genética va a resolver más casos que parecían
05:24cerrados? Y si querés conocer más historias como esta, suscríbete. Lola tenía toda la
05:30vida por delante. No la olvidemos.
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