El cirujano canadiense Wilfred Bigelow se dio cuenta de que los animales resisten los fríos inviernos sin comer disminuyendo sus latidos cardiacos. Vio experimentalmente que en perros mantenidos a bajas temperaturas, se podía abrir el corazón y operarlo por más de cuatro minutos y ellos no morían. Siguiendo estos hallazgos, en 1952 los doctores Walton Lillehei y John Lewis intentaron la primera cirugía a corazón abierto en una niña de 5 años. Con su cuerpo a 27°C, estimaron que la menor podría vivir sin el latido cardiaco por 10 minutos. Interrumpieron el flujo de sangre y suturaron el orificio con que nació, mientras el corazón apenas latía. La operación fue un éxito.
Entonces, el método hipotérmico comenzó a ser ampliamente utilizado para tratar pequeños defectos. Sin embargo, los cirujanos requerían más de 10 minutos y la necesidad de una máquina que reemplace el corazón se hizo más patente.
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