La simulación, entendida como la producción consciente e intencionada de síntomas físicos y psicológicos falsos o exagerados siempre es motivada por recompensas externas tales como cobro de seguros e indemnizaciones, etc. En relación con este tema, y dentro del ámbito forense, se plantea un problema de indudable transcendencia cual es el reconocimiento de la existencia y naturaleza de las alteraciones cognitivas después de un traumatismo craneoencefálico (TCE) leve, ya que se estima que en torno al 5-10% de los casos de TCE leves pueden estar simulando déficit de carácter cognitivo y emocional, con la complejidad añadida del diagnóstico diferencial entre la simulación y el síndrome postconmocional. Para ello, la evaluación forense de las alteraciones cognitivas después de un TCE debe constar de una entrevista clínica y de una evaluación neuropsicológica.
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