La noche que debía consagrar la euforia futbolística en Madrid terminó en ciertas partes de la ciudad con escenas más típicas de un desalojo de un macrobotellón que de una celebración memorable.
Según informó 'El Mundo' en su reportaje sobre lo sucedido en Colón tras el partido España–Francia, un joven de 21 años fue operado de urgencia y perdió un testículo tras recibir, según su relato, un golpe con una defensa policial durante las cargas de la Policía Nacional en la plaza madrileña. El Mundo
Esta imagen contrasta fuertemente con la narración oficial de una noche “sin incidentes graves” y vuelve a colocar en el punto de mira la gestión del Ministerio del Interior, liderado por Fernando Grande-Marlaska, que ya tiene experiencia en ver cómo cada gran movilización o celebración masiva es analizada al detalle.
De la fan zone a la zona cero
La plaza de Colón y sus alrededores se habían transformado en el epicentro de la fiesta por el pase de España a la final del Mundial, con miles de aficionados reunidos y el tráfico cortado en vías como el Paseo de Recoletos, una escena que se replicó igualmente en Cibeles. Sin embargo, cuando la euforia se tornó en caos circulatorio, los agentes recibieron la orden de desalojar para restablecer la circulación, lo que desembocó en empujones, porrazos y carreras.
El parte de emergencias reporta tres atendidos por contusiones leves en Cibeles y un detenido por agredir a un policía, de acuerdo con fuentes de seguridad. Sin embargo, el caso del universitario de 21 años en Colón, que fue intervenido quirúrgicamente y perdió un testículo, ha incrementado la presión política y mediática, ya que ahora no solo se consideran contusiones: las conversaciones giran en torno a la proporcionalidad, los protocolos y las responsabilidades.
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