Una historia marcada por la pasión, los secretos, las traiciones y los sentimientos prohibidos. En este episodio, la hacienda comienza a revelar tensiones, emociones intensas y conflictos que marcarán el destino de sus personajes.
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#ElCuerpoDelDeseo #DramaLatino #SagaFamiliar #PasiónYSecreto
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00:03Nota. Este video forma parte de la serie El Cuerpo del Deseo, la saga de la familia Flores.
00:11Es fundamental ver el primer episodio para comprender cómo empezó todo. Encuentra la
00:16lista de reproducción aquí en el canal. El Cuerpo del Deseo, la saga de la familia Flores.
00:28Episodio 13. La mañana se extendía perezosa sobre la hacienda cuando Elena interceptó
00:33a Estefania en el pasillo que conducía a la oficina de Pablo. La mujer mayor, con su cabello
00:39negro largo y liso que le llegaba hasta la cintura, se interpuso como un muro entre la
00:44joven afrovenezolana y la puerta de madera tallada. Estefanía, a partir de hoy no necesitas llevarle
00:51más café a mi marido, anunció Elena con voz firme pero temblorosa por los celos que
00:56le carcomían el alma desde aquella noche de tormenta. Sus ojos verdes intensos escudriñaron
01:02el rostro de la empleada buscando algún indicio de decepción, alguna grieta en su máscara
01:07de indiferencia que confirmara sus sospechas. Yo misma me encargaré de llevarle su café
01:13todas las mañanas, añadió, aferrándose a la bandeja plateada como si fuera un escudo
01:19contra las amenazas invisibles que acechaban su matrimonio. Estefanía dejó escapar una
01:24sonrisa apenas perceptible mientras inclinaba ligeramente su cabeza en señal de aparente
01:29sumisión. «¡Ok, doña Elena!», respondió con voz suave, haciendo una pausa estratégica
01:36que cargó el aire de tensión. Sus ojos color miel se clavaron en los de Elena con una intensidad
01:42que contradecía su tono servicial y sus labios carnosos se curvaron en una sonrisa enigmática
01:48antes de continuar. Pero, café como el que yo hago, dudo que él encuentre otro igual.
01:57Sus palabras flotaron en el aire como un desafío velado, una insinuación que iba mucho más
02:03allá de los granos molidos y el agua caliente. La joven afrovenezolana se balanceó sutilmente
02:10sobre sus caderas anchas, haciendo que su vestido gris claro se ajustara más a su figura atlética,
02:15un movimiento casi imperceptible pero cargado de intención que no pasó desapercibido para
02:20Elena, quien apretó los labios hasta formar una línea tensa en su rostro maduro. «¡No
02:26hay problema!», replicó Elena con una sonrisa forzada que no alcanzó a iluminar sus ojos
02:32verdes, ahora oscurecidos por la ira contenida. «¡Antes de que tú aparecieras, él ya disfrutaba
02:39de mi café!». Elena irguió su postura, destacando su figura delgada y madura que los años no habían
02:47logrado doblegar, un recordatorio silencioso de que ella era la señora de la casa, la esposa
02:53legítima de Pablo. El sol matutino que se filtraba por las ventanas del pasillo arrancaba
02:58destellos castaños de su cabello negro, enmarcando su rostro en un halo de luz que contrastaba con la
03:04tormenta que se gestaba en su interior. La bandeja en sus manos tembló ligeramente, haciendo que la
03:11taza de porcelana china repiqueteara contra el platillo, una pequeña traición de su cuerpo que
03:16revelaba la magnitud de su perturbación. «¡Él disfrutaba hasta que probó mi café que es… completo!»,
03:23respondió Estefania con voz melosa, arrastrando la última palabra como si fuera una caricia prohibida.
03:29Sus ojos color miel brillaron con malicia mientras su cuerpo atlético se balanceaba sutilmente bajo
03:36el vestido gris claro, un péndulo hipnótico que marcaba el ritmo de una seducción que trascendía
03:41las palabras. La joven afrovenezolana se pasó la lengua por sus labios carnosos en un gesto
03:47aparentemente inocente, pero cargado de insinuaciones, dejando que el silencio amplificara el doble sentido
03:54de sus palabras. El trasero muy grande y los muslos gruesos de Estefania se contornearon
04:00ligeramente cuando dio un pequeño paso hacia atrás, como si le concediera a Elena una victoria
04:06momentánea en aquel duelo de voluntades, pero su mirada seguía siendo la de una depredadora que
04:12sabe que su presa no tiene escapatoria. «¡Mira, muchacha! No sé qué le pones a ese café para que a
04:18mi
04:18marido le guste tanto!» espetó Elena con voz severa, abandonando cualquier pretensión de cortesía. Sus
04:26ojos verdes centellearon peligrosamente mientras daba un paso hacia adelante, invadiendo el espacio
04:31personal de Estefania. «Pero lo que él aprendió a disfrutar, un día puede desaprenderlo», sentenció,
04:38clavando cada palabra como una daga. El sol que entraba por las ventanas iluminó las finas arrugas
04:45alrededor de sus ojos y boca, testigos silenciosos de una vida marcada por las pasiones y los celos,
04:51mientras Estefania mantenía su sonrisa enigmática. La joven afrovenezolana bajó la mirada en aparente
04:58sumisión, pero en su mente resonaban palabras de lástima. «¡Pobrecita! Si hasta hoy no sabe lo que
05:05es un café completo, nunca lo sabrá». El domingo amaneció con un cielo despejado, perfecto para un
05:12paseo a caballo por los extensos terrenos de la hacienda. En el patio principal, Pablo Mendoza
05:17ajustaba las riendas de su caballo negro. A su lado, Pablito Flores, heredero de los mismos ojos
05:24azules intensos de su padre, revisaba la montura de su caballo alazán con movimientos seguros que
05:29revelaban su experiencia como jinete. El pequeño Mateo, con sus 11 años, montaba con orgullo un caballo
05:36de color canela, demostrando la habilidad ecuestre heredada de su padre y abuelo. Desde la galería
05:42de la Casa Grande, tres generaciones de mujeres flores observaban la escena. Esperanza, apoyada
05:49en su bastón con la dignidad que sólo otorgan los años, vestida con un elegante vestido azul marino
05:54de corte clásico y un chal de lana beige sobre los hombros. Valentina con su cabello negro estilo
06:01Bob y mechas blancas brillando al sol. Y Elena, cuyos ojos verdes intensos seguían cada movimiento
06:08de Pablo con una mezcla de amor y preocupación. Cuando los tres jinetes se alejaron por el camino
06:13de tierra rojiza que serpenteaba entre los pastizales dorados, Elena no pudo contener más
06:20la angustia que le oprimía el pecho. Gruesas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas bronceadas
06:26mientras sus manos se aferraban con fuerza a la barandilla de madera de la galería.
06:30—¿Y si Estefania los sigue? ¿Y si aprovecha que están solos? —murmuró con voz entrecortada,
06:36revelando su preocupación. Esperanza se acercó a su hija con pasos lentos pero seguros, apoyándose
06:43en su bastón, el dobladillo de su vestido azul marino. Posó una mano arrugada pero firme
06:49sobre el hombro tembloroso de Elena. —Hija mía, no tienes por qué preocuparte —dijo
06:55la anciana con la sabiduría que solo otorgan siete décadas de vida. Sus ojos azules miraron
07:01con comprensión a su hija mayor, reconociendo en ella los mismos celos que una vez ella misma
07:07había sentido. —Es verdad, hermana —intervino Valentina, acercándose con su andar elegante
07:13y confiado. Además, —Estefania está aquí, en la casa —añadió, señalando con un gesto
07:19sutil hacia el interior de la vivienda. El comentario, aparentemente tranquilizador,
07:25escondía un veneno sutil que no pasó desapercibido para Esperanza, quien entrecerró sus ojos azules
07:31con suspicacia, ajustando el chal beige sobre sus hombros. La anciana había sido testigo durante
07:37demasiados años de las rivalidades entre sus hijas, de cómo la belleza de una siempre
07:42había sido motivo de celos para la otra y de cómo ambas habían competido por el mismo hombre
07:48durante décadas. El silencio que siguió fue tenso, cargado de palabras no dichas y de viejos
07:54rencores que el tiempo no había logrado borrar, mientras las tres mujeres permanecían en la galería,
08:01unidas por lazos de sangre pero separadas por las heridas invisibles que solo el amor y los
08:07celos pueden infligir. Mientras tanto, los tres jinetes cabalgaban por los extensos terrenos de
08:13la hacienda. Pablo, con la autoridad que le conferían sus años como administrador,
08:19señalaba con gestos precisos los límites de la propiedad.
08:23—¡Mira bien, hijo! —le decía a Pablito, cuyo rostro bronceado reflejaba atención absoluta.
08:30Algún día todo esto estará bajo tu responsabilidad. Era la herencia de una dinastía marcada por el
08:36deseo y las pasiones, un patrimonio tanto material como emocional que ahora pasaba de
08:42padre a hijo. Pablito asentía con seriedad, mientras sus ojos azules intensos recorrían
08:49los pastizales, los bosques y las colinas que componían la hacienda Flores. El pequeño
08:56Mateo observaba fascinado la interacción entre su padre y su abuelo, absorbiendo sin saberlo
09:02no solo las lecciones sobre la tierra, sino también el invisible pero poderoso vínculo
09:07masculino que unía a tres generaciones de hombres marcados por el mismo destino. Ser objeto del
09:14deseo de las mujeres que los rodeaban, continuaron cabalgando hasta adentrarse en una zona donde
09:20la vegetación se volvía más densa y el aire más fresco. Pablo detuvo su caballo junto a un
09:26pequeño arroyo cristalino que serpenteaba entre rocas cubiertas de musgo. «La belleza de esta tierra
09:33es nuestro mayor tesoro», explicó con voz grave y emotiva, mientras desmontaba para permitir que su
09:40caballo bebiera agua. Sus ojos azules profundos recorrieron el paisaje con un amor que iba más allá
09:46de la simple admiración estética. Era la conexión visceral de un hombre con la tierra que había
09:51aprendido a considerar suya. Pablito también desmontó y ayudó a Mateo a bajar de su caballo
09:57canela, revelando en sus movimientos la misma gracia atlética que caracterizaba a su padre.
10:03«Debemos hacer todo lo posible por preservar la fauna y la flora», continuó Pablo, agachándose para
10:10tomar un puñado de tierra húmeda que dejó escurrir entre sus dedos. «No somos dueños de la naturaleza,
10:17sino sus guardianes». «Deja de pensar tonterías, hija mía. Deja que la joven se divierta hablando
10:23con los animales. Es su día libre», respondió Esperanza con firmeza, ajustando el chal beige sobre
10:29sus hombros encorvados. Sus ojos azules, enmarcados por profundas arrugas que contaban historias de
10:35décadas vividas intensamente, miraron con severidad maternal a Elena. La anciana venezolana de 78 años,
10:43de piel morena con textura madura y arrugas visibles en el rostro por exposición al sol,
10:48apoyada en su bastón tallado a mano, había aprendido con los años que los celos eran como
10:54veneno que corroía primero a quien los albergaba. Su constitución delgada y postura curvada por la edad
11:00contrastaban con la dignidad que emanaba de su cabello gris recogido en coque, impecable como
11:06testimonio de una elegancia que ni el tiempo ni las pasiones habían logrado quebrantar.
11:11Mientras tanto, junto al arroyo cristalino que serpenteaba entre la vegetación exuberante,
11:17Pablito contemplaba el reflejo del sol en el agua, mientras su padre y su hijo permitían que
11:22los caballos bebieran. Abuelo, la cascada también es una belleza natural. Vamos allí,
11:31preguntó Mateo. La pregunta, aparentemente inocente, hizo que los ojos azules profundos
11:36de Pablo se posaron en el pequeño Mateo, adolescente venezolano de 11 años, de rostro
11:42expresivo y mirada curiosa. La piel bronceada cálida del niño y sus mejillas sonrosadas reflejaban
11:49la inocencia que Pablo quería proteger. Hoy no, mejor nos vamos a casa, respondió Pablo
11:55con firmeza, pasándose una mano por su barba castaño claro de dos días. Pablo intercambió
12:01una mirada significativa con su hijo, una comunicación silenciosa que Pablito entendió
12:06de inmediato, asintiendo con una sonrisa cómplice que revelaba que él también guardaba sus propios
12:12secretos relacionados con aquella cascada. De vuelta en la galería de la casa grande Elena,
12:17se apartó bruscamente de su madre y su hermana. De todos modos vigilaré a esta mujer, declaró
12:25con determinación. Valentina se acercó a su hermana con pasos felinos que acentuaban su
12:31constitución atlética. Te ayudaré a vigilar, ofreció con una sonrisa que no llegaba a sus
12:37ojos verdes vivaces, su piel morena clara con textura madura y arrugas sutiles alrededor
12:43de los ojos, captando la luz de manera seductora. Esperanza, apoyada en su bastón, recordaba
12:50cada capítulo de la historia familiar que había presenciado desde su constitución delgada
12:54y postura curvada pero digna. No pasó mucho tiempo antes de que los tres jinetes regresaran
13:01a la hacienda, el polvo del camino adhiriéndose a sus botas y el sol de media mañana arrancando
13:07destellos de sus cabellos. Pablito fue el primero en desmontar de su caballo alazán con
13:13un movimiento ágil que revelaba años de práctica.
13:17«Yo llevaré los caballos al establo», ofreció con una sonrisa seductora que iluminaba su
13:23rostro bronceado, mientras sus ojos azules intensos buscaban instintivamente a su madre
13:29entre las mujeres que los esperaban en la galería. Elena le devolvió la sonrisa, pero su mirada
13:34verde intensa se desvió rápidamente hacia Pablo. Camila acababa de aparecer en la entrada
13:39de la casa. Mientras tanto, Pablito tomó las riendas de los tres caballos y se dirigió
13:45hacia los establos, sus pasos seguros y su postura erguida atrayendo miradas admirativas
13:51de Leticia, mujer venezolana de 29 años con cabello negro largo y liso, ojos castaños
13:58claros, piel morena clara, estatura baja y figura curvilínea y sensual, que regaba las
14:04plantas del jardín cercano con sus labios carnosos formando una sonrisa disimulada,
14:09fingiendo no prestar atención al hombre que había sido su obsesión desde la adolescencia.
14:15Al entrar en los establos, Pablito se detuvo en seco, sorprendido por la escena que encontró.
14:21Estefanía estaba allí, acariciando con ternura el hocico de un caballo blanco que parecía
14:26completamente cautivado por sus atenciones.
14:30Pablito, creo que ese caballo disfrutó de mi compañía, comentó Estefanía con una sonrisa
14:36que revelaba dientes perfectos entre sus labios gruesos y carnosos. Su voz melodiosa tenía
14:42un acento que mezclaba la cadencia venezolana con tonos africanos, creando una musicalidad
14:47que resultaba extrañamente cautivadora. Pablito observó cómo el caballo, normalmente arisco
14:54con los extraños, se dejaba acariciar dócilmente por aquellas manos de dedos largos y elegantes.
14:59«¿Qué pudo haber visto ese caballo en esa chica?», se preguntó mentalmente.
15:05Días después, Estefanía estaba haciendo ejercicio, cargando troncos de madera para
15:09ganar músculos. Usaba un short de mezclilla extremadamente corto y una blusa roja anudada
15:15que dejaba su ombligo al descubierto. Algunos peones comenzaron a silbarle descaradamente.
15:22«¡Shh!». Benicio, que ahora era el capataz, observó la escena con el ceño fruncido y
15:28se acercó a ella con paso decidido, la frustración evidente en cada línea de su rostro. «¿Estás
15:33loca, mujer? Ahora soy el capataz», exclamó Benicio, acercándose más a ella. Su voz temblaba
15:41ligeramente por la rabia contenida. «¿Cómo puedo tener el respeto de estos peones si mi
15:46mujer se viste de este modo?», continuó, señalando con un gesto amplio su atuendo
15:51provocativo. Los trabajadores fingían no prestar atención, pero era evidente que seguían
15:57cada palabra de la discusión, algunos incluso con sonrisas mal disimuladas.
16:08«¡Mira, Benicio! Antes de que fueras capataz, ya era tu mujer!», respondió Estefanía dejando
16:14caer el tronco al suelo con un golpe seco. Se hirguió desafiante, colocando sus manos
16:19en la cintura mientras el sudor hacía que su blusa roja se adhiriera aún más a su figura.
16:24Los peones dejaron de fingir desinterés y ahora observaban abiertamente, expectantes ante el
16:30desenlace de aquella discusión que prometía ser memorable.
16:37«¡Pero mi amor, vístete con algo más decente! Usa faldas largas o…», comenzó a decir
16:44Benicio con tono conciliador, intentando calmar la situación. Sus hombros se habían tensado y
16:51buscaba desesperadamente las palabras adecuadas, consciente de que su autoridad como capataz
16:57pendía de un hilo mientras los trabajadores observaban cada movimiento de la pareja.
17:03«¿Estás loco? ¿Eres demente? ¿Te has vuelto completamente chiflado?», lo interrumpió
17:09Estefanía con los ojos encendidos de indignación. «Soy joven y no voy a vestirme como una anciana»,
17:15sentenció dando un paso hacia él. Benicio comprendió que no podía controlar a esta mujer
17:20que ahora trabajaba y tenía su propio salario. Sin decir palabra, dio media vuelta y comenzó
17:27a alejarse con paso derrotado pero digno hacia los establos, mientras Estefanía sonreía
17:32triunfante, sabiendo que había ganado esta batalla. Elena tomó una decisión drástica.
17:38Con el temor de que Estefanía estuviera poniendo algo en la comida y el café para hechizar a
17:42Pablo, resolvió hablar con Valentina. «A partir de mañana, Estefanía dejará de
17:47trabajar en la cocina», anunció con firmeza mientras caminaban por la galería. «La asignaré
17:53tareas generales en la hacienda. Recoger huevos de las gallinas, cambiar el agua de los animales
17:58y poner heno para los caballos», continuó, sus ojos verdes intensos brillando con determinación.
18:06«Estoy completamente de acuerdo contigo, hermana», respondió Valentina asintiendo con convicción.
18:12«Esa chica con esas ropas de ramera puede llevar a cualquiera de los hombres de esta casa
18:18a perder la cabeza», añadió, cruzando los brazos sobre su pecho mientras su mirada se
18:24perdía momentáneamente en el horizonte, como si visualizara los peligros que acechaban
18:29a la familia Flores en la figura de aquella joven de curvas provocativas. En ese preciso
18:34momento, Esperanza apareció apoyada en su bastón, con pasos lentos pero seguros.
18:40«Ya escuché suficiente. Basta de paranoia, ustedes dos. Esto es un completo absurdo», exclamó.
18:48la anciana con voz firme que no admitía réplica. Sus ojos azules, aún brillantes a pesar de sus
18:5478 años, se clavaron en sus hijas con una mezcla de decepción y sabiduría acumulada durante décadas
19:01de observar las mismas historias repetirse en la hacienda. «Mamá, ya tomé esta decisión y no voy
19:07a echarme atrás», respondió Elena con firmeza, aunque un ligero temblor en su voz traicionaba su
19:13seguridad. Se hirguió completamente, como queriendo demostrar que a sus 59 años seguía
19:20siendo dueña de sus decisiones, especialmente cuando se trataba de proteger a Pablo, el hombre
19:26por quien había esperado toda una vida y que ahora finalmente estaba a su lado. Esperanza,
19:31con su sabiduría y experiencia, suspiró profundamente antes de responder. «Está bien», concedió moviendo
19:38lentamente la cabeza. «Sólo no olvides que con esa actitud estarás entregando el oro al
19:46bandido», sentenció enigmáticamente antes de darse vuelta y alejarse con pasos lentos pero dignos. Y
19:53añadió. «Te arrepentirás, no digas que no te lo advertí». Cuando Esperanza desapareció por el
20:00pasillo, Elena y Valentina se miraron confundidas. «¿Qué habrá querido decir mamá con eso?», preguntó
20:07Valentina, mientras un escalofrío recorría la espalda de Elena, como si una premonición acabara
20:13de atravesarla. La mañana siguiente amaneció con un sol inclemente, que parecía querer derretir hasta
20:20las sombras de la Hacienda Flores. Estefanía, cumpliendo con su nueva asignación, se encontraba
20:26en el gallinero recogiendo huevos. Su falda negra, tan corta y ajustada que parecía una segunda piel,
20:32se tensaba sobre sus caderas cada vez que se inclinaba, revelando unas piernas torneadas
20:37color ébano que brillaban bajo el sol venezolano. Sus movimientos eran deliberadamente lentos,
20:43como si supiera que en cualquier momento alguien podría estar observándola. El destino, que teje
20:49sus hilos con paciencia infinita, no tardó en complacerla. Pablito Flores, que regresaba de revisar
20:56los linderos de la propiedad, detuvo su paso al divisarla. Se quedó inmóvil, apoyado contra un árbol
21:03de mango, mientras sus ojos azules intensos, herencia inequívoca de su padre Pablo, recorrían
21:09sin disimulo la silueta de aquella mujer que parecía bailar entre las gallinas. Percibiendo la presencia
21:16masculina que ardía a sus espaldas, Estefanía sonrió para sus adentros. El juego de la seducción era su
21:23territorio, un campo de batalla donde nunca había conocido la derrota. Con calculada inocencia,
21:29se inclinó aún más profundamente para alcanzar los huevos del fondo del gallinero, sabiendo
21:35exactamente lo que estaba exponiendo. La tela de su falda se tensó al límite sobre sus glúteos
21:41prominentes, revelando el borde de su ropa interior blanca como una invitación silenciosa. El contraste
21:48entre el encaje blanco y su piel oscura era hipnótico, un espectáculo privado que sabía
21:54estaba ofreciendo al hijo del patrón. Pablito, heredero no sólo de la fortuna flores, sino
22:00también de aquel magnetismo animal que había caracterizado a su padre y abuelo, sintió
22:05la boca seca y el pulso acelerado. La sangre le hervía en las venas mientras observaba aquella
22:11danza de curvas y sombras, aquel juego de mostrar y esconder que Estefanía ejecutaba
22:16con maestría. Finalmente, Pablito decidió romper aquel silencio cargado de electricidad.
22:23Se acercó con pasos deliberadamente lentos, como un depredador que sabe que su presa no
22:28escapará. El sonido de sus botas sobre la tierra seca alertó a Estefanía, quien, lejos
22:35de sobresaltarse, mantuvo su posición provocativa unos segundos más antes de incorporarse con estudiada
22:41lentitud. Interesante, recoges los huevos de una manera muy diferente, comentó Pablito
22:47con voz ronca, mientras sus ojos azules, ahora oscurecidos por el deseo, se clavaban en los
22:54labios carnosos de la mujer. Su comentario, aparentemente inocente, estaba cargado de
23:00insinuaciones que flotaban en el aire caliente de aquella mañana. Estefanía sostuvo su mirada
23:05sin temor, reconociendo en aquellos ojos el mismo fuego que había visto en Pablo, pero más
23:10salvaje, menos domado por los años.
23:13«Es una de mis especialidades. ¿Quieres testar?», respondió Estefanía con una voz que parecía
23:19miel derretida, mientras sus ojos color ámbar se entrecerraban ligeramente. Cada sílaba que
23:25salía de sus labios carnosos estaba impregnada de promesas prohibidas. Se hirguió completamente,
23:31quedando a escasos centímetros del cuerpo de Pablito, tan cerca que podía sentir el calor
23:37que emanaba de él, oler su colonia mezclada con el aroma de cuero y sudor masculino. Con
23:44un movimiento deliberadamente lento, pasó la canasta de huevos de una mano a otra, rozando
23:49con sus dedos el brazo de Pablito, un contacto fugaz pero eléctrico que envió ondas de calor
23:55por todo el cuerpo del hombre. El aire entre ellos se volvió denso, casi irrespirable, cargado
24:02de tensión y deseo contenido. Las gallinas alrededor parecían haberse silenciado, como
24:09si incluso ellas pudieran percibir el peligroso juego que se desarrollaba en su territorio.
24:14Pablito, sin embargo, no respondió. Algo en su interior, quizás la voz de la prudencia,
24:20tal vez el recuerdo de tantas complicaciones pasadas con mujeres en la hacienda, lo hizo
24:25dar un paso atrás. Sin decir palabra, giró sobre sus talones y se alejó con pasos firmes,
24:31dejando a Estefanía con la provocación en los labios y la victoria a medias. Mientras
24:36caminaba de regreso hacia la casa grande, el hijo de Elena sentía un torbellino de pensamientos
24:42y sensaciones contradictorias. ¿Qué habrá querido decir contestar? se preguntaba, aunque
24:48en el fondo conocía perfectamente la respuesta. Las imágenes de aquella mujer inclinada
24:54exquisita.
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