Una historia marcada por la pasión, los secretos, las traiciones y los sentimientos prohibidos. En este episodio, la hacienda comienza a revelar tensiones, emociones intensas y conflictos que marcarán el destino de sus personajes.
Sigue esta saga llena de drama, amor, ambición y giros inesperados.
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#ElCuerpoDelDeseo #DramaLatino #SagaFamiliar #PasiónYSecreto
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00:03Nota. Este video forma parte de la serie El Cuerpo del Deseo, la saga de la familia Flores.
00:11Es fundamental ver el primer episodio para comprender cómo empezó todo. Encuentra la
00:16lista de reproducción aquí en el canal. El Cuerpo del Deseo, la saga de la familia Flores,
00:24episodio 12. La mujer que temblaba en el rincón del galpón era Estefania. Sus ojos
00:29color miel brillaron cuando reconoció a Pablo, revelando una mezcla de alivio y algo más profundo,
00:36más primitivo. También ella había salido al campo en busca de hierbas medicinales cuando la
00:41tormenta la sorprendió, obligándola a refugiarse en aquel galpón abandonado. Observó cómo Pablo
00:48desataba su caballo y lo aseguraba, mientras el agua escurría por su camisa blanca, ahora transparente
00:54y pegada a su torso maduro pero aún vigoroso. Estefania se puso de pie, revelando su falda
01:01color vino que apenas cubría sus muslos y se adhería como una segunda piel a sus curvas generosas. Su
01:08blusa blanca de botones, completamente empapada, dejaba poco a la imaginación. Don Pablo, es mejor
01:15que se quite esa camisa y la ponga a secar, de lo contrario podría resfriarse. Sugirió con voz suave
01:21pero firme, mientras ella se acerca a él, haciendo que su busto se pronunciara aún más bajo la tela
01:26mojada. Pablo dudó un instante, pero la lógica del consejo era innegable. Con un movimiento fluido,
01:34terminó de desabrochar los botones de su camisa y se la quitó, revelando un torso aún firme para su
01:40edad, curtido por años de trabajo bajo el sol venezolano. Colgó la prenda en un gancho oxidado
01:46que sobresalía de uno de los postes de madera. El sonido de la lluvia golpeando el techo de zinc
01:51creaba una extraña intimidad entre ellos, como si el mundo exterior hubiera desaparecido por
01:57completo. Pablo sintió un escalofrío. No sabía si por el frío de sus ropas mojadas o por la presencia
02:04de aquella mujer que ahora se había puesto de pie, y lo observaba con una intensidad que le resultaba
02:09familiar. Había visto esa mirada antes, en muchas mujeres a lo largo de su vida. Era la mirada del
02:16deseo, un lenguaje universal que su cuerpo siempre había sabido interpretar demasiado bien. Estefanía
02:23dio un paso hacia él, acortando la distancia entre ambos hasta quedar a escasos centímetros.
02:28Pablo, hace mucho frío, ¿no cree? ¿Qué tal un café bien caliente? Susurró Estefanía, su aliento cálido
02:38contrastando con el aire frío del galpón. Sus ojos no abandonaban los de Pablo, como si quisiera
02:45hipnotizarlo con su mirada. Pablo tragó saliva, sintiendo que perdía el control de la situación.
02:51Aquella mujer que días antes había parecido tan insignificante, tan fácil de ignorar, ahora se
02:57revelaba como una fuerza de la naturaleza tan poderosa como la tormenta que rugía afuera.
03:04Sí, su cafecito ahora sería muy bienvenido, pero… intentó responder Pablo, buscando desesperadamente
03:12mantener algún tipo de barrera entre ellos, recordando vagamente su promesa a Elena de no
03:18caer nuevamente en las redes de la seducción. Sin embargo, había algo en Estefana, en su presencia
03:24salvaje y auténtica, que despertaba en él un deseo primitivo que creía ya domado por los años y la
03:30experiencia. No sea por eso, interrumpió Estefania con voz aterciopelada.
03:38Hoy va a probar el café completo. Sin darle tiempo a Pablo para procesar sus palabras,
03:46cruzó los brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hacia ella, fundiendo sus labios en un
03:51beso arrollador. Sus cuerpos mojados se encontraron, el calor de la piel de Estefania contrastando con la
03:58frialdad del ambiente. Pablo no tuvo tiempo ni voluntad para resistirse a esta nueva seducción.
04:04Como había ocurrido tantas veces en su vida, su cuerpo respondió por instinto, correspondiendo al
04:10beso con una pasión que creía olvidada. Sus manos encontraron la cintura estrecha de Estefania,
04:17atrayéndola aún más hacia él, sintiendo cada curva de aquel cuerpo joven y vibrante contra el suyo.
04:23El beso selvaje se prolongó, intenso y hambriento, como si ambos hubieran estado esperando este
04:30momento desde que se conocieron. Estefania quería más. Se separó ligeramente de Pablo y sin decir
04:37palabra, se recostó de espaldas sobre los sacos de yute vacíos que había en el suelo, extendiendo
04:43una mano hacia él en una invitación silenciosa pero inequívoca. Pablo, como hipnotizado, se arrodilló
04:49junto a ella, incapaz de resistirse al llamado de aquella sirena de Ébano. Sus manos recorrieron
04:55las curvas generosas de Estefanía, mientras sus labios volvían a encontrarse en un nuevo
05:00beso, aún más intenso que el anterior. El tiempo pareció detenerse en aquel rincón olvidado
05:07de la hacienda. Mientras afuera, la tormenta continuaba su danza furiosa, como si quisiera ocultar
05:14con su estruendo los sonidos de pasión, lo cual terminó descontrolándose. La tormenta
05:19continuaba azotando la hacienda con furia implacable. En la sala principal, Esperanza,
05:25Elena y Valentina conversaban inquietas mientras observaban la lluvia golpear los ventanales.
05:31El repentino chirrido de la puerta principal las sobresaltó. Era Benicio, empapado y con
05:38expresión angustiada, quien entraba quitándose una capa de lluvia que goteaba sobre el suelo
05:43de madera pulida. —¿Qué sucede, Benicio? ¿Qué te trae por aquí con este temporal?
05:48—preguntó Esperanza, ajustando su bastón para incorporarse ligeramente de su sillón
05:53azul marino. Los relámpagos iluminaron fugazmente el rostro preocupado del hombre, proyectando
05:59sombras inquietantes sobre las paredes de la estancia.
06:02—Patrona, vengo a pedirle permiso para usar uno de los caballos. Necesito buscar a mi esposa.
06:08—Respondió Benicio con voz entrecortada, mientras pequeños charcos se formaban bajo
06:13sus botas gastadas. Elena, que hasta ese momento había permanecido serena en su elegante vestido
06:19verde esmeralda, se incorporó de golpe, con el rostro súbitamente pálido.
06:25—¿Qué? ¿Estefanía no está en casa? —preguntó con un tono que revelaba más que simple
06:30preocupación. Sus ojos verdes se agrandaron, reflejando el temor que comenzaba a crecer
06:36en su interior. Benicio negó con la cabeza, apretando el sombrero mojado entre sus manos
06:42callosas. Salió a las cuatro de la tarde para recoger hierbas medicinales. Con esta
06:47tormenta, no ha podido regresar. Explicó, sin percibir cómo sus palabras caían como piedras
06:54en el estómago de Elena. Elena sintió que el suelo se movía bajo sus tacones bajos.
06:59Un relámpago iluminó la estancia, revelando momentáneamente su expresión descompuesta.
07:05Pablo había salido a cabalgar exactamente a esa hora. La coincidencia era demasiado perfecta,
07:12demasiado cruel. Valentina, ajustando su blusa roja de seda, percibiendo la angustia de su
07:18hermana, intervino con aparente calma. Seguramente está refugiada en algún galpón, esperando que pase
07:26la tormenta. No hay motivo para alarmarse. Pero sus palabras sonaron huecas, incluso para ella misma.
07:33Todas conocían demasiado bien la historia de Pablo con las mujeres, ese magnetismo inexplicable que
07:40ejercía sobre ellas, esa debilidad de la carne que ni los años habían logrado domar. Elena se dejó
07:47caer nuevamente en el sillón, mientras lágrimas silenciosas comenzaban a rodar por sus mejillas.
07:53En su mente, las imágenes se formaban con cruel nitidez. Pablo y Estefanía, solos, empapados,
08:01refugiados de la tormenta, juntos. Pablo y Estefanía, juntos, pensó Elena, sintiendo cómo el dolor se abría
08:09a paso en su pecho como una daga envenenada. Tantos años luchando contra los fantasmas del pasado,
08:16tantos años intentando mantener a Pablo alejado de otras mujeres, y ahora esta joven de piel de
08:22ébano y curvas generosas, había aparecido para destruir todo. ¿Cómo no lo vio venir? ¿Cómo pudo
08:29ser tan ingenua al pensar que aquella mujer, fea, no representaba peligro alguno?
08:37Ahora entendía que no existía mujer fea para Pablo, solo mujeres que aún no habían despertado su interés.
08:44Esperanza observaba a su hija con una mezcla de compasión y resignación, su collar de perlas
08:50brillando tenuemente bajo la luz de las lámparas. Conocía demasiado bien ese dolor, lo había
08:56experimentado en carne propia décadas atrás, cuando ella misma cayó bajo el hechizo de aquel
09:01hombre que ahora compartía la vida con Elena.
09:04Espera un poco más, Benicio, dijo finalmente Esperanza, apoyándose en su bastón para levantarse
09:10con dificultad de su sillón, el vestido azul marino cayendo con elegancia sobre sus piernas.
09:16Deja que la lluvia amaine un poco, sería peligroso salir ahora, incluso a caballo.
09:21Sus palabras parecían dirigidas tanto a Benicio como a Elena, un intento de calmar ambas tormentas,
09:29la que rugía afuera y la que se desataba en el corazón de su hija. Benicio asintió, resignado.
09:36No había señales de que la tormenta fuera a ceder pronto. Elena se secó las lágrimas con el dorso de
09:42la mano. Debía ser fuerte, como siempre lo había sido. Después de todo, ¿no era esta la historia de su
09:50vida junto a Pablo? Un ciclo interminable de traiciones y perdones, de pasión y dolor. Quizás,
09:57pensó con amargura, esta era la maldición de las mujeres flores. Amar demasiado a hombres que no
10:02sabían amar a una sola mujer. La noche había caído sobre la hacienda cuando finalmente la
10:07lluvia comenzó a amainar. Un repentino sonido de cascos, galopando sobre el camino embarrado,
10:14alertó a todos en la sala. Elena fue la primera en ponerse de pie, su corazón latiendo con fuerza
10:20contra su pecho. ¡Alguien viene! exclamó, mientras se dirigía apresuradamente hacia la puerta
10:26principal. Al salir al portal, la escena que encontraron era de Pablo y Estefanía. Pablo,
10:34montado en su imponente caballo negro, completamente empapado, y detrás de él, aferrada a su cintura con
10:41brazos que parecían serpientes negras, Estefanía, con su blusa blanca transparente por el agua,
10:47adherida a su cuerpo como una segunda piel. Pablo desmontó de su caballo y ayudó a Estefanía a
10:58bajar. Esta fue hasta los brazos de su esposo, sin apartar ni por un segundo sus ojos color miel de
11:07Pablo. Benicio, extendiendo sus brazos, preguntó. ¿Estás bien, mi amor? Ya iba a salir a buscarte.
11:15Con una sonrisa enigmática en sus labios carnosos, Estefanía respondió con voz clara y provocativa.
11:24Nunca me he sentido tan bien en mi vida.
11:27Sus palabras, cargadas de un significado que iba más allá de lo evidente, flotaron en el aire nocturno
11:33como una confesión indecente. Elena y Valentina intercambiaron miradas cómplices, un lenguaje
11:39silencioso forjado a lo largo de décadas de compartir el mismo dolor. Ambas habían captado
11:45perfectamente el verdadero mensaje detrás de aquella frase aparentemente inocente. Elena,
11:50con el corazón encogido pero manteniendo la compostura que su posición exigía, se acercó
11:55a Pablo. Estaba tan preocupada. Murmuró contra su pecho, mientras sus dedos se aferraban a la camisa
12:02mojada. Pablo, con una tranquilidad que podía ser tanto inocencia como la perfecta actuación de un
12:09hombre acostumbrado a las mentiras, le devolvió el abrazo. Me refugié en el granero hasta que amainó
12:16un poco. Cuando regresaba, encontré a Estefanía en el camino, empapada y temblando. La subí a la
12:22grupa y la traje conmigo, explicó, acariciando el cabello de Elena con una mano que quizás,
12:28horas antes, había recorrido la piel de ébano de aquella mujer que ahora sonreía con descaro.
12:39¡Vamos, mujer! ¡Agradecele a don Pablo! ¡No seas mal agradecida! exclamó Benicio,
12:45ajeno a las corrientes subterráneas de tensión que electrificaban el aire nocturno. Su rostro honesto
12:51reflejaba únicamente gratitud hacia el hombre que, según creía, había salvado a su esposa de
12:57pasar la noche a la intemperie. Estefanía giró lentamente su rostro hacia Pablo. Sus ojos labios
13:03carnosos se curvaron en una sonrisa cargada de secretos cuando respondió.
13:09Yo ya le agradecí.
13:13Cuatro palabras simples que cayeron como una bomba en medio del grupo. Valentina, que hasta entonces había
13:20permanecido en silencio, dejó escapar un pequeño jadeo de sorpresa. Al oír la respuesta de Estefanía,
13:26pensó. Ya sé cómo le dio las gracias.
13:34El silencio que siguió fue tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Pablo, con la experiencia
13:41de décadas esquivando situaciones comprometedoras, rompió la tensión con una risa despreocupada.
13:47—Deberíamos entrar todos. La tormenta ha pasado, pero el frío puede hacernos enfermar —dijo,
13:53guiando suavemente a Elena hacia la casa con una mano en su espalda.
13:57Mientras avanzaban, Elena sentía que cada paso era un esfuerzo sobrehumano,
14:02como si caminara por arenas movedizas. Su mente era un torbellino de imágenes tortuosas.
14:08Pablo y Estefanía en el granero, solos, sus cuerpos encontrándose en la penumbra,
14:15sus respiraciones mezclándose. ¿Habría sido así? ¿O su imaginación, alimentada por años de traiciones,
14:23estaba creando fantasmas donde quizás no lo sabía? Dentro de la casa, Esperanza ordenó a la cocinera
14:29que preparara chocolate caliente para todos. La mañana siguiente amaneció despejada,
14:35como si la tormenta de la noche anterior hubiera sido solo un mal sueño. El sol venezolano brillaba
14:41con fuerza sobre los campos de la hacienda, secando el barro y devolviendo el color a las
14:47flores que decoraban los jardines. En la amplia galería de la Casa Grande,
14:51protegidas del sol por el techo de tejas rojas, tres mujeres se reunieron alrededor de una mesa
14:57de hierro forjado donde humeaban tazas de café recién hecho. Elena, con ojeras que delataban
15:03una noche de insomnio, se sentó junto a su hermana Valentina. Frente a ellas, Esperanza
15:09las observaba con la paciencia infinita que solo los años pueden otorgar. Las tres sabían
15:14perfectamente cuál sería el tema de conversación esa mañana. No hacía falta nombrarlo. Estefanía,
15:22la mujer de Ébano que había llegado a la hacienda como una simple empleada y que ahora amenazaba
15:28con convertirse en la nueva tentación para los hombres flores. «Creo que es mejor despedir
15:34a esa niña antes de que cause problemas», dijo Elena, rompiendo el silencio mientras
15:39revolvía su café sin probarlo. Su voz sonaba cansada, como si cada palabra le costara un
15:46esfuerzo sobrehumano. Valentina asintió enérgicamente, inclinándose hacia adelante en su silla. «Esa
15:54mujer se viste… demasiado vulgar», añadió, arrugando ligeramente la nariz como si el solo
16:00hecho de hablar de Estefanía le resultara desagradable. «Va a terminar seduciendo a Pablo
16:05y a Pablito». «¡Ay, qué horror!», continuó agitando una mano en el aire con dramatismo.
16:12Esperanza las escuchaba en silencio, sus ojos azules, aún brillantes a pesar de los años,
16:18moviéndose de una hija a otra, evaluando cada palabra, cada gesto, cada temor no expresado
16:24que flotaba entre ellas como fantasmas invisibles. Elena no pudo contenerse más. Las lágrimas
16:31que había estado reprimiendo desde la noche anterior finalmente desbordaron sus ojos,
16:36rodando por sus mejillas como perlas transparentes.
16:41Anoche Pablo durmió profundamente y parecía muy cansado. Confesó entre sollozos, llevándose
16:47una mano temblorosa a la boca. «Estoy segura de que estuvo revolcándose con ella en el
16:52granero». Su voz se quebró en la última palabra, como si pronunciarla en voz alta hiciera que
16:58la horrible posibilidad se volviera más real. Valentina se apresuró a rodear con un brazo
17:04los hombros de su hermana, lanzando una mirada acusatoria a su madre, como si Esperanza tuviera
17:09alguna culpa por haber contratado a Estefanía. La matriarca permaneció impasible. Su rostro
17:15surcado de arrugas no revelaba ninguna emoción mientras observaba el dolor de su hija, un
17:21dolor que ella misma había experimentado décadas atrás, cuando el cuerpo del deseo que era
17:26Pablo había llegado por primera vez a sus vidas. «Elena, ¿tú crees que Pablo se interesaría
17:32por una mujer fea?», preguntó finalmente Esperanza, con voz serena pero cargada de intención.
17:38La pregunta cayó como una piedra en un estanque tranquilo, creando ondas de confusión en el
17:43rostro de Elena, que dejó de llorar momentáneamente. «Pero ella se ha arreglado, se viste sensualmente
17:52y ya no es tan fea», respondió Elena, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. Sus palabras
17:58sonaban como las de una niña pequeña intentando justificar un temor irracional, y Esperanza no
18:04pudo evitar decir «Lo feo, un día se vuelve hermoso», sentenció Esperanza, repitiendo la
18:14misma frase que había pronunciado cuando Estefanía llegó por primera vez a la hacienda. Sus palabras
18:19resonaron en la galería como una antigua profecía que finalmente cobraba sentido. Valentina y Elena
18:26bajaron la cabeza, reconociendo la sabiduría en las palabras de su madre. El silencio que
18:31siguió estaba cargado de recuerdos, de historias no contadas, de pasiones que habían marcado
18:37a fuego la historia de la familia Flores. «Cuando el deseo es más fuerte que la razón,
18:43hasta lo que consideramos feo puede transformarse en la más irresistible belleza», continuó
18:49esperanza. «La pregunta es, hijas mías, ¿qué haremos ahora?», concluyó, volviendo su mirada
18:56penetrante hacia Elena y Valentina, que permanecían sumidas en un silencio reflexivo, conscientes de que
19:02la historia parecía repetirse una vez más en la hacienda Flores. La noche cayó sobre la hacienda
19:08Flores como un manto de terciopelo negro, salpicado de estrellas que brillaban con intensidad en el cielo
19:14despejado. El aire, aún húmedo por la tormenta del día anterior, transportaba el aroma de la
19:20tierra mojada y las flores silvestres. En el pasillo que conducía a las habitaciones de la
19:25Casa Grande, una figura femenina se deslizaba con sigilo, sus pasos apenas audibles sobre el suelo de
19:32madera pulida. Camila Vásquez, con su cuerpo curvilíneo apenas cubierto por un camisón de seda
19:38color vino que se adhería a sus formas como una segunda piel, se detuvo frente a la puerta de
19:44Pablito. Sus dedos, largos y delicados, giraron el pomo con suavidad, abriendo paso a la habitación
19:52donde el joven Flores descansaba tras un día agotador en los campos. La luz de la luna que
19:58se filtraba por la ventana dibujaba sombras sobre el rostro de Pablito, quien, al sentir la presencia
20:04de Camila, abrió lentamente los ojos. «Quiero hacer el amor contigo», susurró Camila, acercándose a la
20:11cama con movimientos felinos, sus caderas balanceándose suavemente bajo el camisón de seda
20:17color vino. La luz plateada de la luna realzaba los contornos de su cuerpo, proyectando sombras
20:23seductoras sobre la tela traslúcida. Pablito se incorporó ligeramente, apoyándose sobre sus codos,
20:29el torso desnudo brillando con un leve resplandor perlado. Sus ojos azules, heredados de su padre
20:36Pablo, recorrieron brevemente la figura de Camila antes de que un suspiro cansado escapara de sus
20:41labios. «Trabajé demasiado hoy, estoy agotado y solo quiero dormir», respondió con voz ronca,
20:48dejándose caer nuevamente sobre la almohada. Su rechazo, aunque suave, cayó como un balde de
20:54agua fría sobre Camila, cuyos ojos cafés se entrecerraron peligrosamente, mientras la decepción
20:59se transformaba rápidamente en celos. «Debes estar cansado porque te acostaste con alguna
21:05mujer de esta hacienda, o tal vez con la descarada de mi hermana Leticia», espetó Camila, su voz un
21:12susurro venenoso que cortaba el silencio de la habitación. Sus manos se cerraron en puños a los
21:17costados de su cuerpo, mientras la seda de su camisón vino se tensaba sobre sus curvas.
21:23Pablito no respondió, limitándose a mantener los ojos cerrados, como si pretendiera que el sueño ya
21:30lo hubiera reclamado. Su silencio fue más elocuente que cualquier negativa, y Camila lo interpretó como
21:37una confirmación de sus sospechas. Con un movimiento brusco, giró sobre sus talones y salió de la
21:44habitación, cerrando la puerta tras de sí con más fuerza de la necesaria. El sonido reverberó en el
21:51pasillo vacío, como un trueno lejano que anunciaba la tormenta que se gestaba en su interior. Minutos
21:57después, Camila recorría el porche de la Casa Grande. Estaba inconformada porque quería hacer el
22:03amor con Pablito, el padre de su hijo Mateo, pero una vez más había sido rechazada. De repente,
22:10el sonido de cascos de caballo rompió el silencio de la noche, haciendo que Camila se detuviera en seco.
22:16Desde las sombras del camino principal emergió la figura de un jinete montado sobre un caballo
22:22negro como la noche misma. A medida que se acercaba, la luz de la luna reveló el rostro
22:28de Sebastián Morales, con sus ojos verdes brillando con determinación bajo el ala de su sombrero.
22:34«Buenas noches», saludó con voz grave, deteniendo su caballo frente al porche. «Estoy buscando a Isabela.
22:41¿Está en casa? Ven aquí. Tengo un recado de ella para ti», respondió Camila, su voz repentinamente
22:50suave, casi seductora, mientras una idea comenzaba a formarse en su mente. Con un gesto de su mano,
22:57invitó a Sebastián a seguirla hacia los establos, donde la oscuridad era más densa y las sombras más
23:03discretas. El joven hacendado desmontó con agilidad, sus botas resonando contra el suelo de tierra mientras
23:09ataba las riendas de su caballo a un poste cercano. La bata de seda vino de Camila, ondeaba ligeramente
23:16con cada paso, revelando momentáneamente el camisón que llevaba debajo, un detalle que no
23:22pasó desapercibido para Sebastián, quien mantuvo una distancia respetuosa mientras la seguía.
23:28«Vine a pedirle perdón», confesó con sinceridad, su voz grave rompiendo el silencio de la noche.
23:35«¿Qué recado tienes para mí?» Sus ojos verdes, intensos como esmeraldas bajo la luz
23:42plateada de la luna, buscaron los de Camila con genuina preocupación. Ella se detuvo en la entrada
23:48de los establos. Isabela Pérez se encontraba en su habitación cuando el inconfundible sonido de
23:54cascos de caballo resonó en la distancia. Algo en su interior, una certeza inexplicable,
24:01le decía que era el caballo de Sebastián, el hombre que aún ocupaba sus pensamientos y sus
24:07sueños a pesar del dolor que le había causado. Con movimientos apresurados, Isabela corrió hacia
24:14su armario, sus dedos recorriendo febrilmente los vestidos colgados hasta detenerse en uno de
24:20seda azul celeste con pequeñas flores bordadas en el escote. Se despojó de su ropa de dormir y se
24:27deslizó dentro del vestido que abrazaba suavemente su figura esbelta hasta la cintura, desde donde
24:33caía en pliegues delicados hasta sus rodillas. Tras calzarse unas sandalias plateadas y aplicar
24:39un toque de perfume en su cuello, Isabela salió de su habitación con el corazón desbocado, dispuesta
24:45a enfrentar al hombre que, a pesar de todo, seguía amando con desesperación. Mientras tanto, en la penumbra
24:52de los establos, Camila Vázquez iniciaba su juego de seducción. El aroma a heno fresco
24:58y cuero impregnaba el aire, mezclándose con la fragancia dulce de su perfume, mientras
25:04se acercaba a Sebastián con pasos deliberadamente lentos. La bata de seda vino ondeaba ligeramente
25:11alrededor de sus piernas, revelando momentáneamente el camisón que llevaba debajo. Sus ojos cafés,
25:18brillantes en la tenue luz que se filtraba entre las tablas del techo, se clavaron en
25:23los de Sebastián con una intensidad que hablaba de deseos prohibidos.
25:27«No entiendo por qué sigues buscándola», murmuró, su voz un susurro seductor que parecía
25:33acariciar el aire entre ellos. Sus dedos juguetearon con el borde de su bata mientras continuaba.
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