00:00Queridos migrantes, antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad.
00:11No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás,
00:21con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida.
00:32No entreguen su existencia a quienes comienzan con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de
00:41su cuerpo,
00:42o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son cantos de sirenas con industrias de muerte.
00:53Este drama debe convertirse en examen de conciencia para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia,
01:03desarrollo.
01:04Para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales.
01:13Para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y Atlántico sean cementerios sin
01:25lápidas.
01:26Para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante.
01:39Y también la Iglesia debe dejarse interpelar.
01:44La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente en algunos voluntarios.
01:52Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía,
01:58de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad.
02:04Por eso, no podemos luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras,
02:12pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso.
02:19Gracias.
02:19Gracias.
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