00:00Nayib Bukele, president de El Salvador, lleva un año gobernando bajo régimen de excepción y
00:05hechizando a sus fanáticos en toda América Latina. Las redes sociales están llenas de
00:11odas a su estilo de mandato, que supuestamente es renovador y traza la ruta que todos nuestros
00:17países, asediados por la inseguridad y la violencia, deben seguir. Hasta en Colombia,
00:24donde nuestra historia reciente y no tan reciente arroja suficientes señales de
00:29alerta sobre el modelo del hombre fuerte autoritario, líderes políticos lo citan
00:34como referente y se proponen emularlo. El problema es que la seguridad a punta de
00:40abusos y que se utiliza para desmantelar las instituciones democráticas, lleva a mucho
00:47sufrimiento cuando la euforia producida por el espejismo de los resultados iniciales se esfuma.
00:54Bukele cuenta con una aprobación genuina. Su popularidad en El Salvador es aplastante y tiene
01:01sentido. Un país arrodillado a la violencia irracional de las pandillas y frustrado por
01:06la incapacidad de la clase política para dar respuestas busca, a como del lugar, algo de
01:12certeza. Es humano que, ante la violencia y la impunidad, la reacción sea exigir fuerza.
01:18Si un Estado no provee oportunidades, educación, salud y ni siquiera es capaz de mantener a raya
01:25los criminales, ¿qué les ofrece a sus ciudadanos? Los discursos a favor de los derechos humanos,
01:31de la democracia y de la institucionalidad pierden su capacidad de persuasión cuando las
01:36personas viven aterrorizadas y se la pasan de tragedia en tragedia. Por eso la defensa del modelo
01:43Bukele es tan vehemente. Comprender la raíz de la popularidad del presidente salvadoreño es clave
01:49para que los líderes que deseen avanzar los valores democráticos en sus sociedades no desdeñen las
01:57preocupaciones ciudadanas más inmediatas. Es fundamental, sin embargo, no perder de vista que
02:03el presidente Bukele es un vendehumo, que la historia de América Latina y el mundo está plagada
02:09de proyectos similares que fracasaron rotundamente y causaron mucho daño, y que los estados autocráticos
02:16esconden en sus cifras a todas las personas que sufren la suspensión de sus derechos. No hay tal que
02:23los derechos se puedan garantizar exclusivamente a los buenos que un mandatario autoritario decide
02:30quiénes son. Hoy, en El Salvador, las autoridades pueden detener a quien se les antoje hasta por 15
02:38días. No les explican las razones para su captura, pueden intervenir celulares y correspondencia de
02:44cualquier persona a la que consideren sospechosa, y han sido encarcelados cerca de 67 mil personas,
02:51el 90% de ellas en detención preventiva. Abundan las denuncias de torturas, malos tratos,
02:59perfilamientos indebidos y más de 3.700 personas han sido liberadas luego porque no tenían lazo
03:06alguno con las pandillas. Mientras tanto, el buquelismo se ha tomado la rama legislativa y
03:12la rama judicial, ha adoptado prácticas poco transparentes del uso de los recursos públicos,
03:18y tiene asfixiada a la poca gente independiente que hay en el país. Cuando la Comisión Interamericana
03:25de Derechos Humanos le pidió la semana pasada devolver los derechos constitucionales suspendidos
03:31en el régimen de excepción, la respuesta fue la misma de siempre. Todo es necesario por la seguridad,
03:38y quien se oponga es aliado de los pandilleros. El modelo Bukele es una falsa salida, pues está
03:46construido sobre crímenes ocultos, sobre violaciones a derechos básicos, sobre la omnipotencia de un
03:53solo líder que no acepta crítica alguna. La sensación de seguridad será pasajera,
03:59pero los efectos perversos de esta época se sentirán por generaciones.
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