La noche electoral en Budapest dejó imágenes que no se compran ni con la mejor campaña de marketing político: pasajeros en un tren celebrando como si acabaran de ganar un Mundial. Tras conocerse los resultados, estallaron cánticos espontáneos como "¡Se acabó, se acabó!", reflejando el alivio por la victoria del líder opositor Péter Magyar frente al veterano Viktor Orban.
Un vídeo difundido en redes sociales muestra a los viajeros coreando consignas dentro del vagón, en una escena poco habitual fuera de conciertos o borracheras colectivas. Entre los gritos se escuchaban mensajes como "¡Rusos, a casa!", "¡Europa, Europa!" y "¡País libre!", dejando claro que para muchos no era solo un cambio de gobierno, sino casi un reajuste emocional después de años de tensión política.
La contundente victoria de Magyar otorga a Tisza un mandato sólido para impulsar reformas, reforzar el Estado de derecho y reconducir la relación con la Unión Europea. Y sí, eso incluye desbloquear miles de millones en fondos europeos que llevaban años en el congelador por los choques constantes de Orban con Bruselas.
Después de 16 años de un liderazgo marcado por el euroescepticismo y la cercanía a Rusia, Hungría entra en una nueva etapa. Esta vez, al menos según los cánticos del tren, con bastante menos paciencia para lo de siempre.
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