El martes 17 de febrero se cumplieron dos años del fallecimiento del opositor ruso Alexéi Navalni, una de las figuras más destacadas de la disidencia frente al Kremlin en la última década. Su muerte, ocurrida en circunstancias que desde el primer momento suscitaron dudas y reacciones internacionales, continúa rodeada de controversia y nuevas revelaciones. De acuerdo con análisis conocidos recientemente, el dirigente habría perdido la vida como consecuencia de la exposición a una neurotoxina extremadamente potente. Según estas investigaciones, la sustancia tendría su origen en un ejemplar de rana dardo procedente de Ecuador, un anfibio conocido por segregar compuestos tóxicos capaces de provocar fallos neurológicos severos e incluso la muerte en cuestión de minutos si se administran en determinadas dosis. Estas conclusiones, que aún generan debate en el ámbito científico y político, añaden un nuevo elemento a las incógnitas que rodean el caso. Mientras sus partidarios siguen reclamando una investigación exhaustiva e independiente que esclarezca lo ocurrido, la figura de Navalni se mantiene como símbolo de la oposición rusa y de la denuncia de la corrupción y la falta de libertades en su país.
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