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  • hace 2 días
El alma de bandoneón es una película argentina en blanco y negro dirigida por Mario Soffici que fue estrenada el 20 de febrero de 1935. Sus principales protagonistas fueron Libertad Lamarque, Santiago Arrieta, Domingo Sapelli y Dora Davis. En su transcurso se ejecuta por vez primera en el cine el tango Cambalache de Enrique Santos Discépolo.


Dirección
Mario Soffici

Guion Mario Soffici
José A. Bugliot

Música Enrique Santos Discépolo

Fotografía Francis Boeniger

Montaje Alfredo Traverso

Escenografía Juan Manuel Concado
A. J. Bogani


Reparto

Libertad Lamarque ...Elda

Santiago Arrieta ...Fabián

Domingo Sapelli ...don Julián

Dora Davis ...Calandria

Pepita Muñoz ...doña Marta

Enrique Serrano ...Enrique

Ernesto Famá

Charlo ...cantante

Héctor Calcaño ...Meneco

Francisco Lomuto

Miguel Gómez Bao

Gogó Andreu ...botones

Dringue Farías ...Chofer de Fabián

País Argentina

Año 1935

Género Drama

Musical

Duración 77 minutos

Idioma(s) Español

Compañía Productora Argentina Sono Film



Sinopsis

Un hombre rico de campo envía a su hijo a la ciudad para estudiar y el muchacho se dedica a otra cosa, segura influencia de M´hijo el dotor, de Florencio Sánchez. El estanciero se opone a que el hijo tenga relaciones con el tango y con sus cultores a pesar de que su mayor aspiración es ser compositor. Nace entonces su relación romántica con una muchacha que quiere triunfar en el canto. La pareja pasa por enormes sacrificios y renunciamiento y debe atravesar, entre otros trances dramáticos, la muerte de una hijita de dos años y medio y el asedio de un exnovio de la protagonista, un villano que quiere ponerse serio pero no puede, al menos visto desde las perspectiva actual.


Escenas a destacar

La radio y sus figuras populares así como sus oyentes son uno de los temas de este filme. Una de sus más logradas secuencias se desarrolla cuando el cantor interpreta el tango Cambalache y el objetivo recorre las paredes y los sillones colmados del estudio de radio desde donde se transmite, para encontrarse finalmente con las caras absortas de quienes en sus casas, frente al receptor, parecen ilustrar la letra de Discèpolo.

Gogó Andreu hace una fugaz aparición en el papel de botones.
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