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La Base Aérea de Morón, en Sevilla, se encuentra en una situación de parálisis operativa que afecta directamente a los planes estratégicos de Washington en Oriente Próximo. Desde el pasado domingo, las instalaciones permanecen cerradas tras el grave accidente sufrido por un Boeing C-17 Globemaster III, un gigantesco avión de transporte estadounidense que forma parte del masivo despliegue militar con el que el Pentágono está rodeando territorio iraní. Según las previsiones actuales, la pista no recuperará la normalidad hasta el próximo viernes, lo que ha obligado a desviar todo el tráfico pesado hacia la Base Naval de Rota.
El incidente se produjo durante una maniobra crítica de despegue. Según filtraciones internas de la Fuerza Aérea de Estados Unidos detectadas en redes sociales —calificadas por mandos norteamericanos como un "fallo de disciplina, dado que no se ha divulgado información clasificada"—, uno de los cuatro motores del C-17 falló en el momento del ascenso.
Al abortar la operación de forma súbita, el aparato, que mide más de 50 metros y puede cargar hasta 77,5 toneladas, sufrió el reventón de ocho de sus catorce neumáticos. A pesar de la espectacularidad del suceso, no se produjeron heridos, pero el avión quedó atravesado en la pista principal, impidiendo cualquier movimiento de aeronaves de gran envergadura.
Este bloqueo pone de relieve la dependencia crítica que el Gobierno de Estados Unidos tiene de las bases en suelo español, a pesar de los frecuentes desaires de la administración Trump hacia sus aliados europeos. Los movimientos actuales en Morón y Rota guardan un inquietante parecido con la logística empleada durante la denominada "Guerra de los 12 días" el pasado junio, un conflicto donde "España fue casi la gasolinera de Estados Unidos en la guerra" al servir de nodo logístico esencial para los bombardeos contra el programa nuclear iraní.
Los analistas militares no descartan que este inusual flujo de tropas y material sea "la antesala de una nueva intervención en Irán", o bien una rotación de fuerzas de una complejidad técnica sin precedentes.
El cierre de Morón ha generado un cuello de botella logístico. En la base sevillana han quedado inmovilizados aviones EA-18, punteros en guerra electrónica, y al menos un avión-cisterna KC-46. Mientras tanto, la base de Rota ha registrado un pico de actividad frenético, convirtiéndose en el punto de paso de los cazas más avanzados del arsenal estadounidense, como los F-22 y F-35, que han sido avistados volando en dirección a Qatar.
Esta interrupción forzosa obliga a Adif y a las autoridades militares a extremar la coordinación para despejar la pista de Morón, un enclave que, una vez más, se confirma como la pieza insustituible del engranaje bélico de Estados Unidos en el Mediterráneo.

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