Corea del Norte ha vuelto a poner el foco de su maquinaria propagandística en el desarrollo de infraestructuras de ocio. El líder supremo, Kim Jong Un, ha protagonizado una reciente inspección técnica y protocolaria al complejo vacacional para trabajadores de Onpho, situado en la provincia de Hamgyong del Norte. Esta visita marca un giro radical en la postura del mandatario, quien en el pasado había criticado duramente este mismo centro por su deficiente estado de conservación. La televisión estatal de Corea del Norte, KRT, ha difundido imágenes de la ceremonia de inauguración celebrada el pasado martes, 20 de enero. En un despliegue visual diseñado para mostrar la cercanía del líder con la clase trabajadora, se ha podido ver a un Kim Jong Un ataviado con un abrigo negro y zapatos de vestir recorriendo las modernas dependencias. El recorrido no ha estado exento de momentos inusuales para los estándares internacionales: las cámaras captaron al líder "entrando en un baño de vapor mientras hablaba con los bañistas" e, incluso, se informó de que fue visto "entrando en el baño de mujeres" como parte de su supervisión detallada de las instalaciones. Tras completar el examen del recinto, el mandatario mostró su plena satisfacción con el resultado de las obras, afirmando que "las instalaciones estaban bien equilibradas y que los elementos arquitectónicos se integraban armoniosamente con el entorno". Más allá de la estética vacacional, este viaje de inspección tiene una lectura política profunda. La remodelación de Onpho se enmarca en los preparativos de un importante congreso del partido que se celebrará el próximo mes, un evento clave donde se fijarán las líneas estratégicas del régimen. La visita de Kim también funciona como una advertencia para la élite burocrática del país. Según informan las fuentes, a principios de esta misma semana el líder "destituyó al viceprimer ministro Yang Sung-ho por «irresponsabilidad» en un proyecto de modernización de una planta de maquinaria". Este contraste entre el éxito del complejo de Onpho y el castigo a altos cargos por fallos en otros sectores industriales subraya la presión a la que están sometidos los gestores norcoreanos ante las exigencias de resultados inmediatos de la familia Kim.
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