Los conflictos armados imponen un costo devastador a la naturaleza, dejando tras de sí una profunda degradación ambiental. Las acciones militares impactan directamente los ecosistemas a través de varios frentes: la tala intensiva y los incendios amenazan la biodiversidad; el uso de armamento libera gases tóxicos y partículas contaminantes a la atmósfera, a la vez que filtra metales pesados en las reservas hídricas y los suelos; y las detonaciones de bombas provocan cicatrices permanentes y cráteres profundos en el paisaje. Por tal motivo, nuestra Bitácora Cognitiva de la jornada, explora las implicaciones que tiene para nuestra canica azul, la llamada Ecología de Guerra.
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