Las figuras bíblicas más poderosas revelan una verdad incómoda que la historia moderna prefiere ignorar. Durante siglos, los textos antiguos describieron actos que desafían toda explicación racional: Moisés fracturando la realidad para abrir mares, Elías invocando fuego que consume hasta la piedra, la sabiduría de Salomón como acceso a conocimiento prohibido, Eliseo tensando los hilos entre vida y muerte, y en la cúspide, Jesús restaurando cuerpos y dominando tormentas con una sola orden.
Cada figura en este ranking representa un poder que roza lo imposible cuando lo observamos desde una perspectiva moderna. Los milagros documentados no son simples actos religiosos, sino manipulaciones de las leyes físicas que la ciencia aún no puede explicar. Moisés no abrió agua—la controló. Elías no invocó fuego—lo convocó desde dimensiones que desconocemos. La sabiduría de Salomón sugiere acceso a información que ningún ser humano debería poseer. Eliseo jugaba con la frontera más absoluta que existe: la muerte misma. Y Jesús, en cada milagro, demostraba un dominio sobre la materia, el tiempo y la vida que sigue siendo inexplicable.
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