💥 Valle Salvaje Capítulo 281 – Tras días de angustia, Francisco encuentra a Bárbara inconsciente en el bosque.
El valle entero se conmueve mientras su familia lucha entre la esperanza y el miedo.
🌫️ En este avance exclusivo, se revelan nuevas pistas sobre su desaparición y el misterio que rodea su regreso.
👑 Personajes principales: Bárbara, Francisco, Irene, Leonardo, José Luis, Victoria, Rafael, Mercedes y Pedrito.
💔 Un episodio lleno de emoción, secretos y reencuentros que cambiarán el destino del valle.
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#ValleSalvaje #Bárbara #Francisco #AvanceValleSalvaje #TVNRevisar #Telenovela #Drama #Avance281 #ElHallazgoDeBárbara
El valle entero se conmueve mientras su familia lucha entre la esperanza y el miedo.
🌫️ En este avance exclusivo, se revelan nuevas pistas sobre su desaparición y el misterio que rodea su regreso.
👑 Personajes principales: Bárbara, Francisco, Irene, Leonardo, José Luis, Victoria, Rafael, Mercedes y Pedrito.
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CortometrajesTranscripción
00:00La tormenta había pasado, pero el valle no conocía la paz. Bárbara descansaba, con la mente nublada
00:15por los recuerdos, mientras el resto de la casa caminaba sobre un silencio espeso. Nadie quería
00:22admitirlo, pero todos sabían que la desaparición no había sido un accidente. Había demasiado miedo
00:29en las miradas. Demasiadas verdades escondidas detrás de la prudencia. José Luis intentó retomar el control
00:38de la hacienda, aunque su autoridad comenzaba a resquebrajarse. La desaparición, el robo de la
00:45talla y la tensión entre su esposa y Mercedes lo habían debilitado frente a su propio pueblo. Victoria,
00:53en cambio, parecía más fuerte que nunca. Su mente tramaba. Su orgullo se alimentaba del caos.
01:02Mientras todos busquen culpables, nadie me culpará a mí, pensaba con una sonrisa apenas visible.
01:11Adriana velaba a su hermana sin separarse de ella. Rafael, fiel a su palabra, se mantuvo a su lado,
01:19dispuesto a protegerlas a ambas de cualquier peligro, incluso del propio José Luis. En el fondo,
01:28sabía que el valle ya no era solo tierra y poder. Era una prisión de secretos que tarde o temprano los
01:35consumiría. Esa noche, el reloj de la Casa Grande marcó la medianoche. Un lamento del viento recorrió los
01:44campos. Y aunque todos intentaban dormir, el eco de una pregunta resonaba entre los muros de Valle
01:52Salvaje. ¿Quién fue realmente el culpable? La respuesta, todavía enterrada bajo la tierra húmeda
01:59del bosque, esperaba su momento para salir a la luz y cambiarlo todo. La noticia del hallazgo se
02:07extendió por todo el valle antes del amanecer. Los sirvientes lloraban de alivio, los jornaleros
02:15comentaban el milagro y hasta José Luis, que rara vez mostraba emociones, permaneció unos segundos en
02:22silencio cuando Francisco le informó que Bárbara había sido encontrada con vida. Gracias a Dios,
02:29murmuró. Aunque su expresión denotaba más preocupación que gratitud, sabía que aquel
02:36regreso traería consigo preguntas, sospechas y verdades que quizá era mejor no escuchar. En la
02:44casa pequeña, Mercedes y Pepa se afanaban en cuidar a la joven. Bárbara despertó entre sollozos,
02:51desorientada, con la mirada perdida, su voz era apenas un susurro. ¿Dónde? ¿Estoy? En casa,
03:01hija respondió Mercedes, tomándole la mano. Estás a salvo. Adriana rompió a llorar al verla abrir los
03:10ojos. No vuelvas a hacerme esto, ¿me oyes? Le dijo entre lágrimas. Pensé que te había perdido. Bárbara la
03:20miró con dulzura y trató de incorporarse, pero el dolor la obligó a quedarse quieta. No, no quise
03:28preocuparos. Solo necesitaba huir. ¿De todo? Nadie entendió al principio. Luisa, que permanecía en la
03:37esquina, apartó la vista, sintiendo como un nudo de culpa le subía a la garganta. Alejo, que había
03:45llegado tras escuchar los rumores, cruzó los brazos y la observó con atención. ¿De todo? Preguntó con
03:53voz baja. ¿O de alguien? Bárbara bajó la mirada. Sus manos temblaban sobre la sábana. No respondió.
04:04Adriana la abrazó, intentando detener las preguntas. No hablemos de eso ahora, dijo. Lo importante es que
04:12está viva. Sin embargo, las palabras ya habían encendido el fuego. José Luis llegó poco después,
04:21acompañado de Rafael y de un médico. La examinó con detenimiento y confirmó que no tenía heridas
04:28graves, solo agotamiento y fiebre. Pero en el semblante del duque se notaba algo más que
04:35preocupación. Observaba a Bárbara como si temiera lo que pudiera contar. ¿Necesita reposo? Ordenó.
04:44Nadie la molesta. Yo me quedaré con ella, dijo Adriana. José Luis asintió. Pero antes de irse,
04:54se detuvo frente a Mercedes. Cuide que nadie de afuera se entere de los detalles. Ya hay suficientes
05:02sabladurías. Cuando él se marchó, el silencio volvió a llenar la habitación. Bárbara giró el
05:09rostro hacia su hermana. Adriana, prométeme que no le dirás a nadie que vi a Tomás. El aire se congeló.
05:18Mercedes, Pepa y Luisa se miraron con espanto. O Tomás, susurró Adriana. ¿Lo viste antes de
05:27desaparecer? Sí, respondió ella con la voz débil. ¿Me buscó? Dijo que se marchaba del valle y que
05:37quería que me fuera con él. No quise y discutimos. Luego, solo recuerdo correr hacia el bosque. Después,
05:46todo se volvió negro. Las lágrimas rodaron por el rostro de Adriana. Luisa se llevó una mano a la boca,
05:54sintiendo el peso insoportable de la verdad. Alejo, que había escuchado desde la puerta,
06:01cerró los ojos. Sus sospechas eran ciertas. Esa noche, cuando la calma pareció volver,
06:09Mercedes salió al patio, miró el cielo estrellado y suspiró. El valle nunca descansa,
06:16murmuró. En la distancia, José Luis observaba desde su balcón. Mientras Victoria, con una sonrisa
06:25helada, se servía una copa de vino. Ya ves, José Luis dijo para sí. En este valle, todos son culpables,
06:35aunque aún no lo sepan. El viento sopló con fuerza, arrastrando las hojas secas del jardín.
06:42Valle salvaje volvía a respirar, pero su aire seguía cargado de secretos, culpas y verdades,
06:50que tarde o temprano saldrían a la luz. El amanecer trajo consigo un aire tenso en la casa
06:57grande. Los criados se movían con pasos medidos, evitando cruzarse con la duquesa Victoria, cuya
07:04furia era ya un rumor que recorría los pasillos. Desde la noche anterior, nada parecía bastarle.
07:12Isabel, la gobernanta, subió las escaleras con un sobre en la mano. Sabía que llevaba malas noticias
07:20y que cada palabra que pronunciara podría costarle el empleo. Victoria la esperaba en su despacho,
07:27de pie frente a la ventana, mirando los jardines con expresión glacial. ¿Y bien?, preguntó sin
07:35volverse. ¿Ya hablaron con Martín? Isabel tragó saliva antes de responder. No, señora. Los cocineros
07:45lo han intentado, pero él no quiere marcharse. El sonido de la taza al romperse sobre la mesa
07:52cortó el aire. Entonces, no solo tengo criados desobedientes, también inútiles, dijo Victoria,
08:01con voz suave pero letal. Reúnalos a todos. Desde hoy, Amadeo y Eva tienen las horas contadas.
08:10Quiero sustitutos. Isabel bajó la cabeza. Una nueva cocinera y ayudante, señora, y un nuevo
08:18lacayo añadió Victoria. No toleraré la insubordinación. En la cocina, la noticia cayó
08:26como un trueno. Amadeo, con el rostro pálido, miró a Eva sin decir palabra. Pepa intentó calmar
08:35los ánimos, pero era inútil. Martín, al escuchar lo sucedido, apretó los puños.
08:41Todo esto es culpa mía, murmuró. Pero Francisco, que se encontraba cerca, lo detuvo.
08:50No, muchacho. Es culpa de ella, dijo en voz baja, refiriéndose la duquesa. ¿Y no dejaremos
08:58que te echen por ser honesto? La tensión se extendió por toda la casa. Algunos criados
09:05comenzaron a murmurar, otros hicieron sus maletas temiendo lo peor. Mientras tanto, Isabel subía
09:13de nuevo las escaleras para informar que las órdenes se habían cumplido. Pero antes de
09:19llegar, escuchó las voces desde el despacho de José Luis. El hacendado ya sabía lo ocurrido.
09:27José Luis entró al salón con paso firme.
09:29¿Qué significa esto, Victoria? Preguntó, sujetando una carta que Isabel le había entregado minutos
09:38antes. Ella, fingiendo inocencia, respondió. No soporto la mediocridad. Solo intento mantener
09:46la casa en orden. ¿A base de humillar a tus sirvientes? Replicó él. ¿Su voz llena de ira
09:55contenida? No puede ser que una duquesa trate así a quienes te sirven. ¿No mientras lleves
10:02mi nombre? Victoria lo miró, dolida por el tono, pero su orgullo no le permitió ceder.
10:09Quizá olvides que soy yo quien sostiene las apariencias de esta casa, dijo con frialdad.
10:16Si pierden el respeto por mí, lo perderán por ti también.
10:20José Luis dio un paso atrás, decepcionado. El respeto. Se gana. Victoria. No se impone.
10:30Sin esperar respuesta, se marchó, dejando tras de sí un silencio helado. Victoria apretó
10:37los dientes, furiosa por la humillación. Te arrepentirás. Jushe Luis pensó. Y justo cuando
10:46creía haber perdido el control de la situación, algo llamó su atención. La puerta de su alcoba
10:52entreabierta, entró deprisa y se detuvo de golpe. El lugar estaba revuelto. La talla
11:00de madera que guardaba en su vitrina, un símbolo de su linaje, había desaparecido. Su furia se
11:07transformó en pánico. ¿Quién se ha atrevido? murmuró. Y en su mente, el desprecio hacia
11:14el servicio se convirtió en sospecha. La duquesa, temblando, comprendió que aquel robo
11:21era más que un hurto, era una afrenta. Y en Valle Salvaje, las afrentas se pagaban
11:27con sangre o con lágrimas. Victoria caminaba de un lado a otro en su alcoba, con el rostro
11:34enrojecido por la rabia. El espejo reflejaba su figura descompuesta, el vestido arrugado
11:41y los ojos encendidos. La talla desaparecida, una pieza tallada en nogal oscuro que pertenecía
11:48a su madre, no era solo un objeto de valor, sino un símbolo de su poder, de su orgullo.
11:54La había tenido desde niña y ahora, verla ausente le provocaba una sensación que rozaba
12:02la humillación. Isabel gritó con fuerza y la gobernanta apareció temblorosa en la
12:09puerta. Cierra las entradas, nadie sale ni entra de esta casa sin mi permiso. Isabel intentó
12:16hablar, pero Victoria la interrumpió. ¿Esa talla no se ha evaporado? ¿Alguien la ha robado?
12:24Quiero que registres las habitaciones, los armarios, la despensa, todo. Ordenó casi
12:32sin respirar. Y si descubres quién ha sido, que se prepare para enfrentar mi furia.
12:38Isabel asintió, consciente de que cualquier palabra podía ser usada en su contra. Bajó
12:45a las cocinas con el corazón encogido. Los criados la miraban con desconfianza, sabiendo
12:53que traía más problemas. La talla de la duquesa ha desaparecido, anunció. Hasta que
13:00aparezca, nadie podrá salir del palacio. El murmullo estalló de inmediato. Amadeo golpeó
13:07la mesa con frustración. ¿Qué más quiere esa mujer? ¿Primero nos despide y ahora nos
13:13acusa de ladrones? Eva lo contuvo. No hables así, Amadeo. ¿Te estás jugando el cuello?
13:22Mientras tanto, Victoria fingía serenidad cuando José Luis regresó al despacho, aunque en su
13:29interior hervía de rabia. ¿Qué ha pasado ahora? Preguntó él, con tono cansado.
13:36Nada que te deba preocupar, respondió ella con una sonrisa tensa. ¿Un pequeño contratiempo
13:43doméstico? José Luis arqueó una ceja. ¿Otro contratiempo provocado por tus arrebatos? No esta
13:51vez replicó Victoria, acercándose con teatralidad. Me han robado. La talla que
13:59guardaba en mi alcoba ha desaparecido. José Luis se detuvo. ¿Robado? ¿Estás segura de que no la
14:07moviste tú misma? Ella lo fulminó con la mirada. ¿Insinúas que estoy loca? No, insinúo que estás
14:16perdiendo el control. Y mientras tanto, ¿conviertes esta casa en un campo de guerra? ¿Las palabras fueron
14:24un golpe directo? Victoria contuvo las lágrimas, no de tristeza, sino de orgullo herido.
14:32Tú lo quisiste, José Luis, pensó. ¿Verás lo que ocurre cuando una mujer decide vengarse? De pronto,
14:41un golpe en la puerta los interrumpió. Isabel entró jadeando.
14:46Señora, señor, hemos revisado todo. ¿No hay rastro de la talla? Victoria dio un paso adelante.
14:56Entonces alguien de esta casa miente. Su mirada recorrió el rostro de Isabel con frialdad calculada.
15:03¿Tú sabías algo, verdad? Siempre tan servicial, tan dispuesta, quizá demasiado.
15:10No, señora, yo… Silencio, la interrumpió Victoria. No quiero excusas. Si mañana al amanecer esa talla no
15:21aparece, todos los criados serán despedidos. O si el Luis golpeó la mechó. Basta, no despedirás a nadie.
15:31Si la talla desapareció, se buscará con calma. Victoria lo miró con una sonrisa torcida.
15:38Claro, porque tú siempre defiendes al servicio. ¿O es que entre ellos hay alguien que te interesa
15:46demasiado? Él no respondió. Solo giró sobre sus talones y salió del cuarto, dejando a Victoria sola
15:54con su propia furia. Esa noche, mientras el viento golpeaba las ventanas, Victoria permaneció sentada
16:02frente a la vitrina vacía. La vela proyectaba su sombra sobre la pared, alargada, distorsionada,
16:10como si el propio valle se burlara de ella. El culpable está aquí, susurró con voz ronca.
16:17Y juro que lo encontraré. La mañana siguiente amaneció con un cielo gris. Presagio de desgracias.
16:25En el despacho principal, José Luis repasaba unos documentos cuando escuchó unos golpes apresurados
16:33en la puerta. Era Irene. Entró sin esperar permiso, pálida y con los ojos enrojecidos. Detrás de ella
16:43venía Adriana, sosteniéndose el vientre, y Rafael, que no entendía por qué el aire parecía haberse
16:50vuelto tan pesado. Padre, comenzó Irene, con la voz temblorosa. Tengo que decirle algo,
16:58algo terrible. José Luis se levantó de inmediato, preocupado por su tono. ¿Qué ocurre?
17:07Es bárbara, dijo Irene al borde del llanto. Ha desaparecido. Nadie la ha visto desde anoche.
17:15Por un instante, el silencio dominó la sala. José Luis lo miró, insreduló.
17:24¿Desaparecido? ¿Cómo que desaparecido? Repitió, conteniendo la respiración.
17:31Pepa fue la primera en notarlo. Intervino Adriana con un hilo de voz. Su cama estaba intacta,
17:38las sábanas sin una arruga. No durmió en casa. Rafael dio un paso adelante. ¿Y nadie la vio salir?
17:48Nadie respondió Irene. ¿Creímos que habría ido a hablar contigo, padre? ¿José Luis se pasó la mano
17:55por la frente? Aquel nombre, Bárbara, siempre había sido una molestia para él, una sombra que
18:02interrumpía sus planes. Sin embargo, algo en la expresión de Adriana lo detuvo. Recordó que la
18:10joven era su futura nuera y madre de su nieto. Cualquier daño que afectara a su familia, afectaría
18:17también al niño que estaba por nacer. Rafael dijo con voz grave, organiza a hombres para buscarla.
18:24No quiero rumores ni escándalos. Sí, padre respondió su hijo, ya encaminándose a la puerta,
18:31Irene lo siguió con la mirada. Yo también quiero ayudar. José Luis negó con la cabeza. No. ¿Qué
18:41ha hecho aquí? Necesito que mantengas la calma. No quiero que Adriana se altere. Pero Adriana no podía
18:50quedarse quieta. No puedo quedarme sin hacer nada, protestó. Su respiración agitada. Es mi hermana.
18:58Si le ha pasado algo. Adriana, por favor, le interrumpió Rafael, tomándola de los brazos. No
19:06puedes salir. Estás débil. Déjame a mí. Yo la encontraré. Te lo prometo. Ella bajó la cabeza,
19:17luchando contra las lágrimas. En ese momento, José Luis los observó en silencio. Su mirada se detuvo en
19:25Rafael y en sus ojos brilló algo entre orgullo y cálculo. Si la encuentra, todos hablarán bien de
19:33él, pensó. Un futuro duque salvando a la hija perdida de una familia noble, la prensa lo elogiará. Pero
19:41también había otra voz dentro de su mente. Si no la encuentran, el problema se acaba. ¿No necesitaba
19:50decirlo en voz alta? El rostro de José Luis era un retrato de frialdad. Moveré contactos. Dijo
19:58finalmente. El valle entero sabrá que la hija de los Salcedo ha desaparecido. Nadie podrá ocultarla
20:07por mucho tiempo. Rafael salió con prisa, seguido por dos jinetes. El sonido de los cascos resonó en el
20:16patio como un tambor de guerra. Irene se desplomó en una silla. Mientras Adriana lloraba en silencio,
20:24José Luis se acercó a la ventana. Desde allí vio alejarse la caravana de búsqueda. El valle guarda
20:32secretos murmuró, pero también devuelve lo que se le arrebata. Esa tarde, mientras el sol se escondía
20:39tras las montañas, un nuevo rumor se extendió entre los sirvientes. La talla robada y la desaparición
20:46de Bárbara podían estar conectadas. Victoria, desde su habitación, sonrió al escucharlo.
20:54Perfecto, susurró. Por fin, el valle me da la excusa que necesito. Rafael cabalgó sin descanso por los
21:03senderos que bordeaban el río. El viento le golpeaba el rostro y su mente era un torbellino
21:10de imágenes. La sonrisa de Bárbara, los ojos de Adriana llenos de miedo y la voz firme de su padre
21:17ordenándole buscarla. Sentía el peso del deber, pero también una culpa que no lograba explicar.
21:25En su interior sabía que todo estaba conectado. El silencio de Irene, la angustia de Adriana y los
21:32secretos que él mismo había prometido guardar. Cuando llegó al bosque, desmontó del caballo y
21:39observó las huellas en el barro. Había señales de pasos pequeños, tal vez de una mujer. Se agachó,
21:47tocó la tierra húmeda y un presentimiento le heló la sangre. —¡Ha pasado por aquí! —susurró.
21:55Uno de los hombres que lo acompañaban se acercó. —¿Cree que la encontraremos, señor?
22:00—No lo sé —respondió Rafael, sin apartar la vista del suelo—, pero no regresaremos sin ella.
22:09Mientras tanto, en la casa pequeña, Adriana intentaba mantenerse serena, aunque cada minuto
22:16se hacía eterno. Pepa y Luisa la acompañaban, tratando de distraerla con palabras de consuelo.
22:24—¿Rafael sabrá qué hacer? —dijo Pepa. —Tu hermana es fuerte. Tal vez se refugió en alguna
22:32casa vecina. Adriana negó con la cabeza. —No. Bárbara no se habría marchado sin despedirse.
22:41Luisa bajó la vista, con un nudo en la garganta. Recordaba la última mirada de Bárbara la noche
22:49anterior, cuando la vio pasar por el pasillo con un rostro pálido, como si cargara con una decisión
22:54terrible. Pero cayó. No podía decirlo. En el despacho, José Luis leía informes mientras Victoria
23:04irrumpía sin golpear. —¿Qué haces tú mientras Mediovalle se revuelve buscando a esa muchacha? —dijo,
23:11con un tono entre acusación y burla. —Hago lo que debo —respondió él sin mirarla. —¿Y te aconsejo
23:19que hagas lo mismo? —¡Oh, claro! —replicó ella con una sonrisa torcida. —Mantener las apariencias,
23:28como siempre. Fingir preocupación por una huida que, en el fondo, te beneficia. José Luis levantó la
23:36vista con frialdad. —No hables de lo que no entiendes, Victoria. Esa muchacha es la hermana
23:43de Adriana. Si algo le ocurre, el escándalo alcanzará a todos. Y desde cuando temes al escándalo,
23:52le provocó ella. —Has vivido de ellos toda la vida. —Él se acercó lentamente, mirándola de frente.
24:00—Ten cuidado. Hay límites incluso para ti. Victoria dio un paso atrás, pero su sonrisa
24:08no se borró. —No soy yo quien debería cuidarse, José Luis. Este valle tiene demasiados secretos,
24:16y tú, tú siempre pareces en el centro de todos. Cuando ella se marchó, él permaneció inmóvil,
24:24con el seño fruncido. En ese momento entró Rafael, cubierto de polvo y barro. —Padre,
24:32no hay rastro de Bárbara —dijo con voz tensa. —Ni una prenda, ni un testigo. —Nada.
24:41José Luis se levantó de inmediato. —Descansa. —Mañana seguiremos.
24:47—No puedo descansar —replicó Rafael. —Adriana está destrozada. ¿No soporta quedarse de brazos
24:57cruzados? José Luis lo observó con atención. —Tienes que cuidarla. Ahora más que nunca,
25:05no quiero que su estado se complique. —Lo haré —dijo Rafael con determinación.
25:11—Pero también encontraré a Bárbara. ¿No puedo permitir que su hermana viva con esta culpa?
25:18El silencio los envolvió por un instante. José Luis lo miró con una mezcla de respeto y recelo.
25:27Aquel hijo suyo, que antes obedecía sin pensar, ahora hablaba con la voz de un hombre libre. Y eso,
25:35aunque lo enorgullecía, también lo inquietaba. Esa noche, Rafael regresó junto a Adriana. La
25:43abrazó en silencio. —La encontraremos —le prometió. Ella apoyó la cabeza en su pecho y por primera vez
25:51el amor que los unía se sintió más grande que el miedo. Pero afuera, bajo la luna, alguien observaba
25:58desde las sombras del jardín, alejo, con el seño fruncido. Había visto cosas que nadie debía ver,
26:06y su intuición le decía que la desaparición de Bárbara no era obra del azar. El rumor sobre
26:14la desaparición de Bárbara se extendió por el valle como un fuego imparable. En los mercados,
26:21en los establos, en los patios de las casas, todos hablaban de la joven Salcedo,
26:26la que había desafiado a su destino, y ahora estaba perdida. Pero entre las voces preocupadas,
26:33algunas comenzaban a sospechar que no se trataba de una simple fuga. Alejo, inquieto y perspicaz,
26:41fue uno de los primeros en decirlo en voz alta. Aquella tarde se presentó en la casa pequeña y
26:47pidió hablar con Mercedes. La mujer lo recibió en el porche, aún con el seño fruncido por la
26:54angustia. Si vienes a darme malas noticias, ahorratelas. Alejo dijo con cansancio. No,
27:03Doña Mercedes respondió él con respeto. Vengo a hablar de lo que nadie se atreve a decir. ¿De
27:11verdad cree usted que Bárbara se marchó por voluntad propia? Mercedes lo miró en silencio.
27:16Sabía que en el valle los rumores eran como cuchillos, pero las palabras de Alejo sonaban
27:23más a deducción que a chisme. ¿Qué quieres decir? ¿Que hay algo que no encaja? Continuó él.
27:32Bárbara desapareció la misma noche en que Tomás se fue del valle. Mercedes entrecerró los ojos.
27:38¿Insinúas que Tomás tiene algo que ver? No lo sé, pero los dos estaban demasiado cerca. Últimamente
27:47replicó Alejo. Y si se fue con la talla que desapareció del palacio, tal vez Bárbara lo
27:54descubrió y eso la puso en peligro. Las palabras quedaron suspendidas en el aire. En ese momento,
28:02Luisa, que había estado escuchando desde el umbral, irrumpió en la conversación. ¿Eso
28:08es absurdo? exclamó, visiblemente alterada. Tomás no habría hecho daño a nadie. ¿Estás
28:17segura? preguntó Alejo con serenidad. Porque la noche del robo tú estabas con él. El rostro
28:24de Luisa se tiñó de vergüenza y enojo. ¿No sabes de lo que hablas? Sé más de lo
28:31que imaginas, respondió él. Y si miento, dímelo mirando a los ojos. Mercedes intervino,
28:40cortando la atención. Basta, Alejo. No acusaremos a nadie sin pruebas, pero agradezco tu preocupación.
28:49Cuando él se marchó, Luisa permaneció inmóvil, temblando. Mercedes la observó con una mezcla de
28:57duda y compasión. Hija, si sabes algo, este es el momento de decirlo, le dijo en voz baja.
29:05No sé nada, señora murmuró Luisa, pero sus ojos la traicionaban. En otro rincón de la hacienda,
29:13Pedrito escuchaba escondidas. No entendía del todo, pero sabía que algo grave ocurría. Subió
29:21corriendo al cuarto de Bárbara, donde encontró a Adriana y a Pepa revisando sus cosas. ¿Dónde
29:28está mi tía Bárbara? preguntó el niño con inocencia. Salió de viaje, improvisó Pepa,
29:35forzando una sonrisa. Eso no es verdad, replicó el niño, con la seriedad que solo tienen los que
29:43han crecido entre secretos. Si fuera un viaje, habrían dicho adiós. Adriana no pudo contener
29:50las lágrimas. Lo abrazó con ternura. A veces las personas se van sin despedirse, Pedrito. Pero
29:58volverá, te lo prometo. Cuando el niño bajó a la cocina, buscó a Pepa otra vez. ¿Qué está pasando
30:07de verdad? insistió. Pepa, sin fuerzas para mentirle, le acarició el cabello. Solo reza
30:15por ella. Hijo, eso es lo que todos estamos haciendo. Esa noche, Pepa se reunió con Mercedes
30:22en la sala. La vi salir anoche, confesó con la voz baja. Tenía los ojos tristes, pero no parecía
30:30asustada. Como si supiera a dónde iba. ¿Y no la seguiste? preguntó Mercedes. No. Creí
30:40que solo quería despejarse. El silencio cayó entre ambas. Afuera, el viento silbaba entre
30:48los árboles del valle, trayendo un susurro de culpa que nadie podía ignorar. En la casa
30:54grande, el ambiente se había vuelto irrespirable. José Luis ordenaba batidas por el valle, mientras
31:01los criados murmuraban temerosos. Y cada pasillo parecía cargar con la tensión de un secreto.
31:08Pero si había alguien que no mostraba preocupación alguna, era el Marqués Hernando. Su frialdad
31:15contrastaba con la angustia general. Cuando Mercedes lo encontró en el jardín, observando
31:22las estatuas con una copa de vino en la mano, su sangre hirvió. ¿Cómo puede beber mientras
31:28todos buscan a una muchacha desaparecida? Le reclamó con dureza. Hernando giró apenas
31:35la cabeza, con una sonrisa cínica. No exageremos, doña Mercedes. Las jóvenes sentimentales suelen
31:44desaparecer cuando el amor no le sale bien. Ya volverá. Arrepentida y despeinada, Mercedes
31:52lo miró con incredulidad. Está hablando de una vida humana, de una muchacha buena que
31:59podría estar muerta. O quizá huyendo con su amante, replicó él, encogiéndose de hombros
32:06en este valle. Nadie es tan inocente como parece. La bofetada que le dio Mercedes resonó
32:14como un trueno entre los rosales. Hernando la miró en silencio, sin devolver el golpe,
32:20pero con la mirada cargada de odio. Cuidado, señora, dijo con voz baja. Está cruzando una
32:28línea peligrosa. No más peligrosa que su falta de alma, respondió ella. Alejándose sin mirar
32:35atrás. Esa misma tarde, Leonardo se enteró del altercado. Fue directo al despacho de su
32:42padre. ¿Qué has hecho ahora? Preguntó con el rostro desencajado.
32:47¿He dicho la verdad? Contestó Hernando, sin levantar la vista de sus papeles.
32:54No, has demostrado una vez más que no te importa a nadie, replicó Leonardo. Si a Bárbara le
33:02pasa algo, no responderé por mis actos. Hernando lo miró con frialdad. ¿Me amenazas, hijo? Te advierto,
33:11dijo Leonardo, clavando los ojos en los de su padre. Por tu culpa, Irene vive aterrada y Bárbara ha
33:20desaparecido. Ya no me cabaré más. El marqués sonrió con amargura. Los hijos ingratos siempre
33:29encuentran excusas para odiar a sus padres. Anda, vete a consolar a tu prometida y déjame con mis
33:36asuntos. Leonardo se marchó dando un portazo. En el pasillo se encontró con José Luis, que venía de
33:44hablar con los capataces. No lo escuches, le dijo el hacendado, poniéndole una mano en el hombro.
33:52Hernando siempre fue un hombre sin escrúpulos. Sí, pero esta vez es diferente, respondió Leonardo.
34:00Lo vi en sus ojos. No le duele la desaparición de Bárbara, porque tal vez sabe más de lo que dice.
34:07José Luis lo miró con atención. ¿Insinúas que tu padre tiene algo que ver? No lo afirmo,
34:16pero no me sorprendería, dijo Leonardo con voz tensa. Para él, la vida de una mujer no vale más que un
34:24caballo. Esa noche, Mercedes se encerró en la capilla y rezó en silencio. Sus manos temblaban
34:31sobre el rosario. Dios mío, si le pasa algo a esa niña, no podré perdonarlo, susurró. Mientras
34:40tanto, en el salón, Hernando seguía bebiendo. Cada sorbo era un desafío a la culpa, un escudo
34:48contra la moral del valle. Cerca de la medianoche, un criado entró con nerviosismo. Señor, los hombres
34:56de don José Luis han encontrado rastros cerca del bosque, ropa y sangre. El marqués lo miró sin
35:05emoción aparente. Es, ¿podría ser de la señorita Bárbara? Por un instante, el silencio se volvió
35:14insoportable. Hernando apartó la copa con calma. Entonces, quizás el valle se haya librado de otro
35:23problema, dijo con frialdad. El criado retrocedió horrorizado. En ese mismo instante, Leonardo,
35:31que escuchaba desde el corredor, sintió que algo dentro de él se rompía para siempre. La búsqueda
35:38se intensificó al amanecer. Los jinetes de José Luis cabalgaban por los senderos del bosque. Los
35:45perros olfateaban la tierra húmeda y el sonido de las ramas quebrándose bajo los cascos de los
35:51caballos resonaban como un tambor de guerra. Nadie hablaba. Solo se escuchaba el eco del viento y los
36:00gritos lejanos de los hombres llamando el nombre de la desaparecida. Bárbara, Bárbara Salcedo. Entre
36:10ellos, Francisco lideraba un grupo, acompañado de Martín. Ambos avanzaban con linternas, siguiendo el
36:18cauce del arroyo. El cielo seguía nublado y el aire pesaba como plomo. Francisco, aunque cansado,
36:26no se rendía. Sabía que Irene y Adriana estaban destrozadas y la sola idea de volver sin respuestas
36:34lo aterrorizaba. ¿Crees que la encontraremos viva? Preguntó Martín, con la voz apagada.
36:42No digas eso, muchacho replicó Francisco, ajustándose el sombrero. Este valle tiene sus
36:50misterios, pero no se traga la gente. Si está ahí, la hallaremos. En la casa pequeña, mientras tanto,
36:59el tiempo parecía detenido. Adriana no se había levantado del sillón desde que Rafael salió.
37:06Irene se sentaba frente a la ventana, mirando el camino que llevaba al bosque. Cada vez que un
37:13caballo pasaba, su corazón se detenía un instante. Pepa, con gesto maternal, preparaba tizanas para
37:21ambas. No pueden seguir así, señoritas, dijo con dulzura. Si Bárbara viera cómo se consumen,
37:28se enfadaría con ustedes. Irene levantó la vista con los ojos hinchados. Yo tengo la culpa,
37:37susurró. Si no hubiera aceptado ese matrimonio, ella no habría huido. No hables así, intervino
37:45Adriana. Bárbara es fuerte. Sabe cuidarse. Volverá. En ese momento, la puerta se abrió
37:55de golpe. Rafael entró, cubierto de polvo, el rostro ensombrecido por la frustración. Nada
38:02dijo con un suspiro. Ni rastros, ni testigos, ni señales. Solo silencio. Adriana se levantó y lo
38:13abrazó con fuerza. Él cerró los ojos, hundiendo el rostro en su cabello. «¿No te rindas?», murmuró
38:21ella. «Por favor, no te rindas». Mientras tanto, en el bosque, Francisco y Martín avanzaban por un
38:31sendero estrecho donde la vegetación era más densa. ¿Los perros comenzaron a ladrar con fuerza?
38:37«Aquí», gritó Martín, agachándose. En el suelo, entre las hojas húmedas, encontraron un pañuelo
38:46rasgado. Francisco lo reconoció al instante. Era de Bárbara. «Está cerca», dijo, guardando el trozo
38:55de tela en su chaqueta. Siguieron caminando hasta que los perros se detuvieron frente a una zona de
39:02maleza espesa. Francisco apartó las ramas y su linterna iluminó una figura tendida en el suelo.
39:09El corazón se le detuvo. «Dios mío», exclamó. «Es ella». Bárbara yacía inconsciente, cubierta de
39:19barro y hojas. Su vestido desgarrado estaba viva, pero pálida como la cera. Francisco cayó de rodillas
39:29junto a ella, palpándole el pulso. «Respira», dijo con alivio. «Gracias al cielo». «Respira».
39:39Martín se quitó la chaqueta y la cubrió. «Hay que llevarla a casa», dijo con urgencia. «No resistirá
39:47el frío». La levantaron con cuidado y la subieron al caballo. Francisco la sostuvo contra su pecho
39:55durante todo el trayecto, mientras el grupo regresaba al valle con gritos de alivio. En la
40:02casa pequeña, cuando los cascos resonaron frente al portón, todos salieron corriendo. Adriana fue
40:10la primera en verla. «Bárbara», gritó cayendo de rodillas junto a ella. «Hermana, mírame,
40:17estoy aquí». Mercedes ordenó preparar agua y mantas. «No perdió más que el sentido», dijo
40:25Francisco. Pero pasó la noche entera a la intemperie. Rafael tomó a Adriana de la mano,
40:32intentando contener la emoción. El valle entero parecía respirar de nuevo. Sin embargo, en el fondo
40:41de todos quedaba una pregunta que nadie se atrevía a pronunciar. ¿Qué había ocurrido realmente?
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