Cada persona escribe su historia en el lienzo invisible de las horas, y aunque a menudo creamos que la vida se reduce a lo que nos sucede, en realidad el poder está en la manera en que interpretamos, decidimos y actuamos. No eres víctima de un guion escrito por otros, eres autor de la trama que vives día a día. Desde el instante en que despiertas hasta el momento en que cierras los ojos por la noche, tu vida se va delineando con las elecciones que haces. Elegir levantarte a tiempo, elegir hablar con respeto, elegir avanzar en lugar de detenerte, elegir agradecer antes que quejarte: todas son decisiones que escriben frases en el libro de tu destino. Así como un escritor revisa y corrige, tú tienes la capacidad de replantear tu camino, de cambiar capítulos y de añadir nuevas páginas llenas de propósito y significado.
Tú tienes el control de tu narrativa cuando comprendes que la mente es la pluma con la que redactas tu existencia. Cada pensamiento recurrente es tinta que imprime un tono a tus días. Si cultivas pensamientos de esperanza, de confianza y de determinación, tu historia se vuelve inspiradora. Si, por el contrario, permites que la duda y el miedo sean las palabras dominantes, tu relato se llena de sombras. El cerebro, como han demostrado las neurociencias, no distingue entre lo que imaginas y lo que experimentas, por lo que entrenar tu mente con imágenes positivas es la forma más poderosa de encaminar tu vida hacia un destino mejor.
Tú tienes el control de tu narrativa porque tu carácter se construye con la repetición de actos diarios. Al igual que un lector reconoce el estilo de un autor, quienes te observan perciben tu identidad a través de tus hábitos. Las páginas de tu vida se escriben con la tinta de la disciplina o con la tinta de la apatía, y ambas conducen a finales muy distintos. Un hábito de lectura diaria abre capítulos de conocimiento; un hábito de ejercicio constante abre capítulos de salud; un hábito de gratitud abre capítulos de abundancia. Cada gesto repetido se transforma en una línea más de tu historia, y sólo tú decides si será una línea vacía o una llena de valor.
Tú tienes el control de tu narrativa porque lo que eliges hacer hoy influye directamente en el guion de tu mañana. El futuro no aparece de repente: se va construyendo palabra por palabra con las decisiones que tomas. Cada vez que postergas un sueño, borras párrafos enteros de posibilidades; cada vez que actúas con coraje, escribes páginas memorables. Entender esto es aceptar que tu poder está en el presente, que tu pluma está en tus manos y que no puedes delegar en nadie más la tarea de diseñar la vida que mereces.
Tú tienes el control de tu narrativa cuando reconoces que incluso en medio de la adversidad puedes decidir cómo contar tu historia. Hay quienes se ven como víctimas de tragedias y hay quienes, con la misma experiencia, deciden verse como sobrevivientes, como guerreros, como resilientes.
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