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00:00La última noche de Marta y Fina en Sueños de Libertad, avance del capítulo 377, 22
00:11de agosto. Fina se despide de todos en el capítulo del viernes 22 de agosto de Sueños
00:18de Libertad. El aire en el despacho de Pelayo era espeso,
00:24cargado con el peso de las palabras no dichas y de las que, una vez pronunciadas, se habían
00:29convertido en cadenas. El humo rancio de un cigarro consumido con
00:34nervio flotaba como un fantasma, aferrándose a las cortinas de terciopelo granate y al
00:39corazón encogido de Fina. La luz de la tarde, esa luz dorada de finales
00:45de agosto que normalmente prometía atardeceres serenos, se filtraba por la ventana como un
00:50intruso, iluminando el polvo en suspensión y la desesperación en el rostro de la joven
00:54dependienta. No era una conversación, era una sentencia. Pelayo, con la calma gélida
01:01de un verdugo que disfruta de su oficio, había desgranado su plan. Un plan perfecto en su crueldad,
01:09tejido con los hilos del miedo y la coacción. Un billete de ida, sin vuelta, a un continente
01:15lejano. Argentina, un nombre que sonaba a exilio, a final, a un vasto océano de distancia de Marta.
01:25La voz de Fina era un susurro roto, una astilla de su ser. No puedo, no puedes pedirme esto.
01:33Pelayo se inclinó sobre el escritorio de caoba, sus nudillos blanqueados al apoyarse.
01:38Sus ojos, dos pozos oscuros y sin fondo, la taladraron. No te lo estoy pidiendo, Fina.
01:48Te lo estoy exigiendo. Es esto, o ver como Marta, tu amada Marta, acaba entre rejas por un crimen que,
01:55no lo olvidemos, cometió. Piensa en ella, en su nombre, en su futuro. Un futuro sin ti es mejor
02:03que un no futuro en una celda inmunda. ¿No crees? Cada palabra era un latigazo. Fina sentía cómo se
02:12le agrietaba el alma. Pelayo tenía razón, y esa era la parte más insoportable de la tortura. El amor
02:20que sentía por Marta, ese amor que había sido su salvación y su ancla, era ahora el arma que Pelayo
02:26esgrimía contra ella. Proteger a Marta significaba destruirse a sí misma. Significaba abandonarla.
02:33El barco zarpa mañana al alba, continuó él, su voz un murmullo venenoso.
02:41Tengo los papeles, el pasaje. Un pequeño apartamento te esperará en Buenos Aires.
02:47Un nuevo comienzo. Se río entre dientes, una risa sin alegría, un sonido seco y cruel.
02:55Considera que te estoy haciendo un favor. Fina no respondió. Se limitó a sentir, un movimiento casi
03:01imperceptible, mientras una lágrima solitaria, caliente y salada, trazaba un surco en su mejilla.
03:09El pacto estaba sellado. Un pacto de silencio y sacrificio. Sus últimas horas en Toledo,
03:14sus últimas horas con Marta, acababan de empezar a contar hacia atrás. Y el tic-tac del reloj en la
03:21pared sonaba como el martillo de un juez dictando condena.
03:27Capítulo 1. Pasos de gigante en la sombra. Mientras Fina se ahogaba en su propio silencio,
03:33en la casa grande de los de la reina, otro tipo de batalla se libraba, una de voluntad y músculo,
03:39de esperanza y engaño. María se aferraba a los brazos de Gabriel como si fueran el único punto fijo en un
03:46mundo que había girado demasiado deprisa. Su frente estaba perlada de sudor, y cada músculo de sus
03:53piernas temblaba con un esfuerzo que era a la vez doloroso y extrañamente eufórico.
03:59Un paso más, María, solo uno más, la animaba Gabriel, su voz una mezcla de firmeza y una
04:06ternura que la desconcertaba. Su aliento cálido rozaba su oreja, y el contacto de sus manos,
04:13fuertes y seguras en su cintura y su brazo, enviaba pequeñas descargas eléctricas por su piel.
04:21Con un gruñido ahogado, María levantó el pie derecho. El movimiento fue torpe,
04:26arrastrado, pero el pie se movió. Aterrizó en el suelo de mármol con un sonido sordo que,
04:33para ella, fue como el estallido de una victoria. Luego el izquierdo, y otro, y otro más,
04:40estaba caminando, lenta, temblorosamente, pero caminando. Una sonrisa inmensa, genuina,
04:49iluminó su rostro. Lo he conseguido, Gabriel. Estoy caminando, exclamó, su voz llena de una
04:56alegría infantil que no había sentido en meses. Te lo dije, respondió él, su propia sonrisa
05:03reflejando la de ella. La acercó un poco más, sus cuerpos casi pegados. Eres más fuerte de lo que
05:10crees, mucho más fuerte. En ese instante, la atmósfera en la habitación cambió. La gratitud
05:18y el esfuerzo físico dieron paso a una conciencia repentina de su proximidad.
05:22María podía oler la colonia de Gabriel, una fragancia masculina a madera y cítricos.
05:31Podía sentir el calor de su pecho a través de la fina tela de su blusa. Sus miradas se
05:36encontraron y se sostuvieron un segundo más de lo estrictamente necesario.
05:42Había algo en los ojos de Gabriel, una intensidad, una admiración que iba más allá de la de un simple
05:47amigo o abogado. Era una atracción palpable, un campo de fuerza que los envolvía. El corazón
05:55de María dio un vuelco. Se apartó ligeramente, rompiendo el contacto visual, aunque no el
06:03físico. Gracias. De verdad, sin ti, SHHH, la interrumpió él suavemente. Lo estás haciendo tú,
06:12yo solo soy. El bastón. Ella río, pero la tensión seguía ahí. ¿Era solo gratitud lo que sentía? ¿O
06:21había algo más? La lealtad de Andrés pesaba en su conciencia, pero la atención constante de Gabriel,
06:27su fe inquebrantable en su recuperación cuando otros, incluido su propio marido, parecían haberla
06:32perdido, era un bálsamo adictivo para su herida autoestima. Justo entonces, el recuerdo de Andrés la
06:39golpeó con la fuerza de una revelación amarga. Si él la viera ahora, tan capaz, tan recuperada,
06:48¿qué pasaría? El miedo, frío y paralizante, reemplazó a la euforia. El Andrés que la cuidaba,
06:55el que se sentaba a su lado y le leía, el que la trataba con una delicadeza nacida de la culpa y la
07:01piedad, desaparecería. Si ella podía caminar, si ya no era la inválida desvalida, ¿qué la ataría
07:09a él? ¿Qué impediría que su mirada volviera a desviarse hacia Begoña, hacia cualquier otra?
07:17La decisión se formó en su mente, tan clara y afilada como un trozo de cristal roto.
07:22Nadie podía saberlo, especialmente Andrés, su recuperación sería su secreto, un arma que
07:30guardaría celosamente hasta que estuviera segura de poder usarla sin perderlo todo.
07:36Miró a Gabriel, buscando en sus ojos una complicidad que no necesitaba pedir. Esto
07:41debe quedar entre nosotros, Gabriel, dijo, su voz ahora firme, conspiradora. Gabriel la estudió un
07:50momento, una ceja arqueada. Comprendió al instante, no hizo preguntas, simplemente asintió,
07:58tu secreto está a salvo conmigo, María. Siempre, y en ese siempre, María sintió el nacimiento de una
08:06alianza peligrosa y extrañamente excitante. Una alianza forjada en el secreto y cimentada
08:13por una atracción que ambos, por ahora, preferían no nombrar.
08:19Capítulo 2. El veneno en las paredes. La sala de juntas de perfumerías de la reina olía a cuero
08:25viejo, a café recién hecho y a una tensión que se podía cortar con un cuchillo.
08:29Damián presidía la mesa, su rostro una máscara de gravedad. A su lado, Jesús tenía la mandíbula
08:38apretada, y Luis jugaba nerviosamente con un bolígrafo de plata. Sobre la mesa pulida,
08:46como una bomba de relojería a punto de estallar, reposaba el informe de los peritos.
08:52Señores, comenzó Damián, su voz resonando en el silencio. Los resultados son concluyentes.
08:59No hay lugar a dudas. Abrió la carpeta y leyó en voz alta un párrafo que sonó como
09:04un epitafio. La alta concentración de partículas de hidróxido de sodio en aerosol, combinada
09:11con una ventilación deficiente y la exposición prolongada, es la causa directa de las afecciones
09:17respiratorias fibróticas observadas en los trabajadores del departamento de saponificación.
09:21Un silencio pesado cayó sobre la sala. Las palabras flotaban en el aire, venenosas y
09:29acusatorias. La fábrica, su fábrica, su legado, estaba enfermando a sus hombres. Jesús golpeó
09:37la mesa con el puño.
09:38Maldita sea, lo sabía, sabía que algo no iba bien en esa sección desde las últimas
09:46modificaciones.
09:49La cuestión ahora no es a quién culpar, Jesús, intervino Luis, su tono pragmático y frío.
09:57La cuestión es qué hacemos. El informe es claro en su recomendación. Cese inmediato
10:02de la producción en esa línea hasta que se realicen las reparaciones pertinentes y se
10:06garantice la seguridad. Eso significa paralizar saponificación, ahora mismo. Paralizar la
10:14producción. Musitó Damián, pasándose una mano por el rostro cansado. Eso supondrá
10:22pérdidas enormes, retrasos en los pedidos. Padre, ¿es eso o seguir envenenando a nuestros
10:27empleados? Dijo Jesús con dureza. No hay elección. Estoy de acuerdo, afirmó Luis. La
10:35cerraremos, pero debemos controlar la narrativa. Aquí, su voz bajó, volviéndose más calculadora.
10:42No podemos permitir que esto salga a la luz. Si se corre la voz de que la fábrica es la
10:48responsable, la imagen de la empresa quedará destrozada. Los sindicatos se nos echarán
10:54encima. La competencia nos devorará. Sería el fin.
10:58Damián levantó la vista, sus ojos agudos fijos en Luis. ¿Qué sugieres? Anunciaremos el cierre de
11:05la sección por motivos técnicos. Una reestructuración necesaria, una modernización, cualquier cosa. Pero
11:14la verdad, la cruda verdad de este informe, no debe salir de esta sala. Informaremos a los jefes de
11:21sección indispensables, como Joaquín, pero bajo estricta orden de discreción. A los trabajadores,
11:29se les mentirá, por el bien de la empresa. Jesús pareció dudar, una lucha interna reflejada en su
11:35ceño fruncido. Mentir a sus hombres, a la gente que se dejaba la piel cada día. Le revolvía el estómago.
11:43Pero la lógica de Luis era implacable. El escándalo sería catastrófico, asintió a regañadientes.
11:53Damián, el patriarca, el hombre que había construido aquel imperio desde la nada, sintió
11:58el peso de la decisión sobre sus hombros. Era una decisión cobarde, una mancha en el honor de su
12:05apellido. Pero también era, quizás, la única forma de sobrevivir. Que así sea, dijo finalmente,
12:13su voz grave y cargada de una resignación amarga. Preparen el comunicado. Y que Dios nos perdone.
12:21La junta se disolvió, pero el veneno del que hablaba el informe ya no estaba solo confinado
12:25a las paredes del departamento de saponificación. Acababa de extenderse a las propias entrañas de
12:32la empresa, contaminando su conciencia con el tóxico de una mentira calculada.
12:36Capítulo 3. La última petición. Fina caminaba por las calles de Toledo como una autómata.
12:47El sol le daba en la cara, pero no sentía su calor. Los sonidos de la ciudad, las risas de los niños,
12:53el repicar de una campana lejana, llegaban a sus oídos como un murmullo distante, como si
12:59provinieran de otro mundo. Su mundo, el único que importaba, se había reducido al rostro de Marta
13:06y al tiempo que se le escapaba entre los dedos como arena fina. La encontró en la tienda,
13:13ordenando con esmero unos frascos de perfume en un estante de cristal. Marta estaba preciosa.
13:20Llevaba un vestido azul que resaltaba el color de sus ojos y su pelo recogido en un moño elegante
13:24dejaba al descubierto la delicada curva de su nuca. Por un instante, Fina sintió un impulso
13:31abrumador de correr hacia ella, abrazarla y confesarlo todo. Pelayo, el chantaje, Argentina,
13:38el terror que la estaba devorando por dentro. Pero la imagen de Marta en una celda, pálida
13:44y asustada, se superpuso a la visión de su amada entre los perfumes. Y el impulso murió,
13:52el secreto era un muro de hielo a su alrededor. Se acercó despacio.
13:58Marta. Marta se giró, y su rostro se iluminó con esa sonrisa que era el sol personal de Fina.
14:06Mi amor, ¿qué tal el día? Pareces, pálida, ¿estás bien? Se acercó y le puso una mano en la frente,
14:13su tacto a una mezcla de preocupación y ternura que casi deshizo a Fina.
14:16Estoy bien, mintió, forzando una sonrisa que le dolió en los músculos de la cara.
14:25Solo, cansada, escucha, tengo que pedirte algo, lo que quieras, Fina respiró hondo.
14:33Quiero que vayamos a la casa del monte, ahora, Marta frunció el ceño, sorprendida.
14:38A la casa del monte, ahora, ¿para qué? Pensaba que ya habíamos limpiado todo,
14:45que no quedaba nada que pudiera.
14:48Por favor, la interrumpió Fina, su voz temblando ligeramente. Necesito asegurarme.
14:55Repasar cada rincón una última vez. No podría vivir tranquila pensando que hemos dejado algo,
15:00una huella, un...
15:01Un descuido, por favor, Marta, hazlo por mí. Había tal grado de súplica en su voz,
15:10tal desesperación en sus ojos, que Marta no pudo negarse.
15:15Vio la angustia de Fina, pero la atribuyó al miedo persistente, al trauma de lo vivido.
15:22No podía imaginar la verdad, un abismo mucho más profundo y oscuro. Está bien, cariño.
15:27Claro que sí, dijo Marta, acariciándole la mejilla. Si eso te va a dejar más tranquila, iremos.
15:38Cierro la tienda en media hora y vamos, ¿de acuerdo? Fina asintió, incapaz de hablar.
15:45Solo podía pensar que ese viaje, ese regreso a su refugio, no era para asegurarse de que no
15:50quedaban pruebas. Era para grabar en su memoria un último recuerdo, un último atardecer,
15:57una última caricia. Un último adiós en el único lugar donde habían sido verdaderamente libres.
16:04Un último acto de amor antes de la desolación.
16:08Capítulo 4. Confesiones y chocolate caliente.
16:12La visita de Gema y el pequeño Teo fue un rayo de sol inesperado en la tarde gris de María.
16:16La casa grande, a menudo un escenario de tensiones y silencios, se llenó de repente con la risa
16:24infantil de Teo, que perseguía una pelota imaginaria por el gran salón bajo la mirada
16:29vigilante y cariñosa de Gema. María las observaba desde su sillón, una taza de chocolate caliente
16:37humeando entre sus manos. Había algo en la forma en que Gema miraba a Teo, una devoción pura y sin
16:44filtros, que le produjo una punzada de algo parecido a la envidia.
16:50Sentaos un rato, por favor, dijo María, indicando el sofá de enfrente. Me hacéis compañía.
16:58Gema sonrió y, tras convencer a Teo de que se sentara a su lado con un libro de cuentos de Julia,
17:03se acomodó frente a María. El niño tiene más energía que un tren de mercancías, comentó,
17:11aunque sus ojos brillaban de orgullo. Se te ve, feliz, Gema, observó María,
17:18y no era un simple cumplido. Gema irradiaba una serenidad, una plenitud que no le había visto antes.
17:27Gema suspiró, un suspiro de profunda satisfacción. Lo estoy, María, nunca pensé que diría
17:33esto, pero... Ser madre, aunque sea de esta manera, cuidar de Teo. Me llena, le preparo el desayuno,
17:42le ayudo con los deberes, le leo un cuento por la noche. Son cosas pequeñas, pero me hacen sentir,
17:50realizada, como si por fin hubiera encontrado mi sitio. Las palabras de Gema resonaron en el
17:57interior de María. Realizada, ¿qué palabra tan lejana le parecía? Ella también anhelaba esa sensación.
18:05Su plan, su obsesión, era tener un hijo con Andrés, un heredero para los de la reina.
18:12Pero mientras Gema hablaba de amor y cuidados cotidianos, María solo podía pensar en el hijo
18:17como un medio para un fin. Asegurar su posición, su matrimonio, su futuro.
18:22¿Era eso ser madre, o era simplemente otra estrategia en su tablero de ajedrez personal?
18:30Tú también pareces mucho más animada, dijo Gema, cambiando de tema con delicadeza.
18:37La recuperación va bien, María sonrió, una sonrisa cuidadosamente calibrada. Sí, mucho mejor.
18:45Cada día siento más fuerza en las piernas. Estoy ganando autonomía, y eso, eso me hace muy feliz.
18:55Era una verdad a medias. La verdad completa, los pasos que ya podía dar, seguía siendo su secreto
19:01mejor guardado. Charlaron un poco más, sobre Teo, sobre la fábrica, sobre trivialidades que servían
19:09de puente sobre las aguas profundas de sus vidas. Pero cuando Gema y Teo se marcharon, dejando un eco
19:17de risas en el salón silencioso, María se quedó pensativa. La confesión de Gema le había abierto
19:25una pequeña grieta en su armadura. Por primera vez, se preguntó si su deseo de ser madre era un anhelo
19:31genuino o simplemente la pieza final de su plan maestro. Y la respuesta, honesta y brutal, la asustó
19:39un poco. Capítulo 5, El padre escondido. En el laboratorio, el aire solía estar impregnado del
19:47aroma de esencias florales y compuestos químicos. Pero esa tarde, olía a preocupación. Doña Ana había
19:55observado a su hija durante todo el día. Cristina estaba distraída, con la mirada perdida,
20:02saltando ante el menor ruido. Había una sombra en sus ojos que Ana, con su infalible instinto de
20:08madre, reconoció como el presagio de una tormenta interior. Decidió que no podía esperar más. Se
20:15acercó a la mesa de trabajo de Cristina, donde la joven removía un compuesto en un matraz sin
20:20prestarle la más mínima atención. Cristina, hija, ¿qué te ocurre? Preguntó Ana, su voz suave pero
20:29firme. Llevas todo el día en las nubes. Puedes hablar conmigo, lo sabes. Cristina dejó la varilla
20:36de vidrio y se pasó las manos por el pelo, un gesto de pura angustia. No es nada, mamá. Solo,
20:45estoy un poco agobiada. No soy una extraña, Cristina. Soy tu madre. Sé cuando algo te está
20:52devorando por dentro, insistió Ana, sentándose a su lado. Le tomó las manos. Estaban frías como el
21:00hielo. Sea lo que sea, lo afrontaremos juntas. Esa promesa, esa muestra incondicional de apoyo,
21:08fue lo que finalmente rompió las compuertas. Los ojos de Cristina se llenaron de lágrimas. Su
21:15voz, al principio, fue apenas un murmullo tembloroso. Mamá, hay algo que tengo que contarte. Algo
21:23sobre, sobre José, el portero de mi edificio. Ana frunció el ceño. ¿El portero? ¿Te ha hecho
21:31algo? ¿Te está molestando? La alarma empezó a crecer en su pecho, una fiera protectora despertando.
21:36No, no, no es eso. Se apresuró a decir Cristina, negando con la cabeza. Respiró hondo,
21:45como si se preparara para saltar a un abismo. Mamá, José, es mi padre, mi padre biológico.
21:53El mundo de Ana se detuvo. Las palabras de su hija parecieron colgar en el aire, absurdas,
21:58imposibles. José, ese hombre humilde, de mirada triste, que le abría la puerta cada mañana. Su
22:07padre, el shock fue como un golpe físico, dejándola sin aire. Un torbellino de emociones la asaltó.
22:15Incredulidad, rabia, pánico. ¿Cómo era posible? ¿Cómo había ocurrido? ¿Era una trampa,
22:20un engaño de ese hombre para aprovecharse de su hija? ¿Qué estás diciendo, Cristina? Eso es una
22:29locura, exclamó, su voz más aguda de lo que pretendía. Ese hombre te está mintiendo, te
22:36está manipulando. ¿Cómo puedes creer una barbaridad así? Porque es la verdad, replicó
22:43Cristina, las lágrimas corriendo libremente por sus mejillas. Me lo ha contado todo, mamá. Me ha
22:50enseñado fotos, cartas, todo en caja, su historia, las fechas. Todo, y yo, yo lo siento aquí, dijo,
22:59llevándose una mano al corazón. Siento que es verdad. Cristina, entre sollozos, le relató la
23:07historia que José le había contado. Una historia de amor juvenil, de promesas rotas y de una vida
23:12marcada por la pérdida. Mientras hablaba, su propia convicción, la calma que había encontrado en
23:20esa verdad recién descubierta, empezó a filtrarse a través de su angustia. Ana la escuchaba, su alarma
23:28inicial dando paso lentamente a una profunda inquietud. Las palabras de Cristina no sonaban a
23:35engaño, sonaban a una verdad dolorosa y complicada. La ansiedad seguía ahí, un nudo apretado en su
23:42estómago, pero la fiereza de la leona protectora se suavizó, transformándose en la preocupación de
23:48una madre que veía a su hija enfrentarse a una revelación que cambiaría su vida para siempre.
23:55Calmeid, cariño, Calmeid, susurro finalmente, atrayendo a Cristina a un abrazo. Sintió el cuerpo
24:02tembloroso de su hija contra el suyo y supo que, fuera cual fuera la verdad, su lugar estaba allí,
24:08sosteniéndola. La tormenta acababa de desatarse, y ella sería el puerto seguro de su hija. Capítulo
24:166. El rumor y la furia. El dispensario era un hervidero de actividad, pero cuando Joaquín entró,
24:24trayendo consigo el aire tenso de los despachos de dirección, Luz supo que las noticias no eran buenas.
24:29Luz, un momento, dijo él en voz baja, apartándola hacia una esquina. Su rostro,
24:38normalmente abierto y amable, estaba sombrío. ¿Qué ocurre, Joaquín, hay más enfermos? Peor,
24:46respondió él, bajando aún más la voz. La dirección ha tomado una decisión. Se cierra
24:54el departamento de saponificación. Con efecto inmediato, un suspiro de alivio escapó de los
25:00labios de luz. Gracias a Dios, ya era hora de que hicieran algo. Es lo correcto. Sí, pero oh,
25:08Joaquín vaciló, evitando su mirada. Hay una condición. Nadie puede saber el verdadero motivo.
25:16La versión oficial es que se trata de un cierre por reestructuración técnica.
25:20Tenemos órdenes estrictas de ser discretos. La expresión de Luz pasó del alivio a la más pura
25:27incredulidad. Y de ahí, a una ira helada. ¿Discretos? ¿Quieres decir que tenemos que mentir?
25:35¿Mentir a los hombres que están tosiendo sangre por culpa de la negligencia de esta empresa? ¿Es una
25:40broma? Luz, por favor, suplicó Joaquín. Son órdenes de arriba, de Damián, de Luis. ¿Creen que si la
25:49verdad sale a la luz, la empresa se hundirá? Pues quizá merezca hundirse si se construye
25:55sobre los pulmones enfermos de sus trabajadores. Espetó ella, su voz un siseo furioso. Se sentía
26:04atrapada, su ética profesional y su decencia humana chocando contra un muro de secretismo
26:08corporativo. Miró a su alrededor, a las camas con hombres pálidos y febriles. ¿Cómo iba a mirarles
26:16a la cara y mentirles?
26:19No tenemos opción, Luz, dijo Joaquín, su tono suplicante. Yo tampoco estoy de acuerdo, pero es
26:26una imposición.
26:27Hazlo, por favor, o todos tendremos problemas. Joaquín se marchó, dejándola sola con su
26:35rabia y su impotencia. Se sentía como una traidora, una cómplice de un encubrimiento
26:41vergonzoso. Acatar la orden era ir en contra de todo en lo que creía. Pero desafiarla podría
26:50costarle su trabajo, su capacidad para ayudar a esa gente. Era una elección imposible. Mientras
26:57tanto, en el taller, la noticia del cierre ya había empezado a correr como la pólvora.
27:04Pero sin una explicación oficial, el vacío se llenó rápidamente con el monstruo de las
27:09especulaciones.
27:12¿Habéis oído? Cierran saponificación, dijo un obrero atasio mientras limpiaba una máquina.
27:17Así, ¿de repente? ¿Por qué? Preguntó otro, acercándose. Tasio, que había escuchado
27:25la noticia de boca de un capataz nervioso, se encogió de hombros, intentando parecer
27:30indiferente.
27:33Sabía más de lo que dejaba ver, había escuchado los susurros sobre la enfermedad, había visto
27:38a sus compañeros caer.
27:42Dicen que van a traer maquinaria nueva, cosas de progreso, mintió, y la palabra le
27:47supo a ceniza en la boca.
27:51No sé yo, replicó el primer obrero, con los ojos entrecerrados. A mí me huele a chamusquina.
27:59Primero Mateo, luego Ricardo, y ahora cierran. ¿No será que hay algo malo ahí dentro? ¿Algo
28:05que nos está enfermando?
28:08La pregunta quedó flotando en el aire cargado de aceite y sudor. Tasio vio el miedo en los
28:13ojos de sus compañeros, un miedo que era el reflejo del suyo propio. Trató de disimular,
28:20de desviar la conversación con una broma, pero el daño estaba hecho. La semilla de la
28:27sospecha había sido plantada, y en el terreno fértil del miedo y la desconfianza, estaba
28:32destinada a crecer, convirtiéndose en un árbol de raíces profundas y venenosas que amenazaba
28:37con resquebrajar los cimientos de la fábrica. Capítulo 7. Viaje al corazón de la Dios.
28:44El trayecto en coche hacia la Casa del Monte fue un estudio en silencios.
28:50Marta conducía, concentrada en la carretera serpenteante, lanzando miradas furtivas y
28:55preocupadas a la mujer que amaba. Fina estaba sentada en el asiento del copiloto, con la
29:02vista fija en el paisaje que pasaba a toda velocidad, pero sin verlo realmente. Los pinos,
29:10las colinas doradas por el sol del atardecer, todo era un borrón a través del velo de sus
29:15lágrimas no derramadas. Cada kilómetro que las acercaba a su refugio era un kilómetro
29:21que la alejaba de su futuro. La ironía era tan cruel que le costaba respirar. Iban al lugar
29:28que simbolizaba su amor para vivir, sin que Marta lo supiera, el principio del fin.
29:35Sigues muy callada, dijo Marta suavemente, rompiendo el silencio. Seguro que estás bien,
29:41Fina, me estás asustando un poco. Fina se obligó a girar la cabeza y a componer
29:46una sonrisa frágil. Solo estoy pensando. En todo, en nosotros, cogió la mano de Marta
29:54del volante y la apretó con fuerza. Te quiero, Marta, no lo olvides nunca. Yo también te quiero,
30:02tonta, respondió Marta, devolviéndole el apretón. Y no voy a olvidarlo. ¿Por qué dices eso como si
30:10te estuvieras despidiendo? El corazón de Fina dio un vuelco doloroso. La percepción de Marta
30:17siempre había sido aguda como un cuchillo. No lo digo así. Solo, a veces necesito decírtelo,
30:24necesito que lo sepas. Llegaron a la casa cuando el sol empezaba a teñir el cielo de naranjas y
30:29púrpuras. El aire de la montaña era fresco y olía a pino y a tierra húmeda. Por un momento,
30:37al bajar del coche, la belleza serena del lugar casi hizo que Fina olvidara la soga que apretaba su
30:43cuello. Entraron en la pequeña casa, su santuario. Todo estaba como lo habían dejado,
30:50limpio, ordenado, impregnado de su esencia. Fina recorrió la estancia con la mirada,
30:57memorizando cada detalle. La manta a cuadros sobre el sofá, la pequeña pila de libros junto
31:03a la chimenea, la forma en que la luz del ocaso entraba por la ventana y dibujaba patrones dorados
31:08en el suelo de madera. Bueno, ¿por dónde empezamos a buscar? Preguntó Marta, con un tono práctico que
31:16contrastaba con la tempestad emocional de Fina. Por todas partes, susurró Fina, y así lo hicieron.
31:24Revisaron debajo de la cama, detrás de los muebles, en los cajones de la cómoda. No buscaban
31:30nada en realidad. Fina solo necesitaba una excusa para tocar por última vez los objetos que habían
31:36compartido. Para respirar el aire de aquella habitación, para alargar el tiempo.
31:43Marta, creyendo que calmaba los miedos de Fina, la seguía pacientemente. Finalmente,
31:49cuando no quedó ni un solo rincón por revisar, Marta se acercó a ella y la abrazó por la espalda,
31:54apoyando la barbilla en su hombro.
31:58Ya está, mi amor. No hay nada. Nunca lo hubo. Estamos a salvo. Esas palabras,
32:03estamos a salvo, fueron la gota que colmó el vaso.
32:09Fina se giró entre sus brazos, su rostro descompuesto por un dolor que ya no podía ocultar.
32:16Las lágrimas que había estado conteniendo durante todo el día brotaron, silenciosas y devastadoras.
32:23Fina, ¿qué pasa? ¿Por qué lloras? Preguntó Marta, su voz llena de alarma,
32:28mientras le secaba las lágrimas con los pulgares. Fina no podía decirle la verdad. No podía,
32:36así que se aferró a la única verdad que le quedaba, la única que podía ofrecerle.
32:42Lloro porque te quiero, dijo, su voz ahogada por los sollozos. Te quiero tanto que me duele.
32:49Lloro porque este momento, aquí contigo, es todo lo que siempre he querido. Y tengo tanto miedo de perderlo.
32:55Marta la abrazó con fuerza, meciéndola suavemente. Nunca me vas a perder, Fina.
33:04Nunca, somos tú y yo, contra el mundo, ¿recuerdas? Fina asintió contra su pecho, inhalando su aroma por última vez.
33:13Sí, lo recordaba, pero lo que Marta no sabía era que, a veces, para ganar la guerra, hay que sacrificar a la soldado más valiente.
33:20Y ella estaba a punto de sacrificarse. Cerró los ojos y se entregó al abrazo, a la calidez de la mujer que era su vida,
33:30sabiendo que era un calor prestado, un fuego que al amanecer se convertiría en cenizas.
33:37Capítulo 8. Amar por última vez. La noche cayó sobre la casa del monte,
33:42envolviéndola en un manto de estrellas y un silencio profundo, solo roto por el canto de los grillos.
33:50Dentro, a la luz parpadeante de una lámpara de aceite, el tiempo parecía haberse detenido.
33:57La revisión de la casa, la excusa, había terminado.
34:00Las lágrimas de Fina se habían secado, dejando tras de sí una calma extraña y frágil,
34:05la calma que precede a la muerte de algo.
34:10Marta, aún percibiendo la melancolía de Fina pero sin entender su origen,
34:14la tomó de la mano y la guió hacia la pequeña cama junto a la ventana.
34:20No hubo palabras, no eran necesarias, sus miradas lo decían todo, o casi todo.
34:25La mirada de Marta hablaba de amor, de consuelo,
34:28de un deseo profundo de sanar cualquier herida que estuviera atormentando a Fina.
34:32La mirada de Fina, sin embargo, era una sinfonía de emociones contradictorias.
34:39Había un amor tan vasto como el océano, una ternura infinita,
34:43pero también una desesperación abyecta, una urgencia febril.
34:49Era la mirada de alguien que intenta memorizar un rostro, un tacto, un sentimiento,
34:54sabiendo que pronto solo le quedará el recuerdo.
34:56Se amaron, no fue como otras veces, no tuvo la alegría despreocupada de sus primeros encuentros
35:04ni la pasión arrebatada de la reconciliación.
35:09Fue un acto de adoración, cada beso de Fina era lento, profundo, casi reverencial.
35:16Trazaba los contornos del rostro de Marta con la yema de los dedos como si fuera una ciega
35:20aprendiendo a ver. Memorizaba la curva de su ceja, la suavidad de su labio inferior,
35:27el lunar junto a su oreja.
35:31Marta, al principio, se dejó llevar por esa ternura abrumadora, respondiendo con la misma
35:36intensidad.
35:39Pero a medida que avanzaba la noche, una extraña inquietud comenzó a crecer en ella.
35:43Había algo en el amor de Fina esa noche, algo que se sentía como un final. Una cualidad
35:51de despedida en cada caricia, un eco de pérdida en cada susurro que contenía su nombre.
35:58Te amo, Marta, te amo más que a mi propia vida, le susurró Fina al oído, su aliento
36:03cálido mezclándose con las lágrimas silenciosas que volvían a mojar sus mejillas.
36:07Yo también te amo, Fina, siempre, respondió Marta, abrazándola con fuerza, tratando de
36:15anclarla, de disipar esa extraña sensación de que se le estaba escapando.
36:21Hicieron el amor bajo la atenta mirada de la luna, sus cuerpos entrelazados en una danza
36:25de amor y desesperación.
36:29Para Marta, era una afirmación de su vínculo, una promesa de futuro. Para Fina, era un requiem.
36:35Era la última cena, el último baile, la última plegaria. Estaba amando a Marta por
36:42todas las veces que no podría amarla en el futuro. Por cada mañana que no despertarían
36:48juntas, por cada noche que pasaría sola en un continente extraño, por cada beso que
36:54nunca se darían.
36:57Cuando finalmente el agotamiento las venció, se quedaron abrazadas en silencio. Marta se
37:02durmió primero, su respiración profunda y regular un sonido tranquilizador en la quietud
37:07de la noche.
37:10Fina permaneció despierta, con los ojos abiertos en la oscuridad, observándola. Contempló
37:16el rostro sereno de Marta, tan hermoso y pacífico en el sueño, y sintió como su corazón
37:21se partía en mil pedazos. Con un cuidado infinito, se deslizó fuera de la cama. Se vistió en
37:29silencio, moviéndose como una sombra. Se acercó a la cama una última vez y depositó
37:35un beso tan ligero como el ala de una mariposa en la frente de Marta.
37:39Perdóname, mi amor, susurró en la oscuridad. Perdóname por lo que voy a hacer, es la única
37:46manera de salvarte.
37:49Y entonces, sin mirar atrás, porque si lo hacía sabía que no podría continuar, Fina
37:55salió de la casa, cerrando la puerta de su paraíso personal por última vez. Salió
38:01a la noche fría, sola, caminando hacia un amanecer que le traería el exilio y la más
38:06profunda de las soledades. Capítulo 9. Pruebas y tribulaciones. Mientras Fina
38:14emprendía su doloroso camino, otros hilos del destino se tejían en la colonia. Irene,
38:21ordenando unos viejos papeles de don Pedro, encontró una pequeña caja de terciopelo
38:25azul, olvidada en el fondo de un cajón. La curiosidad la venció. Al abrirla, el brillo
38:33del oro la deslumbró. Dentro, sobre un lecho de satén descolorido, reposaban dos alianzas
38:38de boda. Sencillas, clásicas, en el interior de una, grabada con una caligrafía elegante,
38:46leyó Irene José. Para siempre, el aire se escapó de sus pulmones. José, las alianzas
38:54que había comprado para su boda. La boda que don Pedro había frustrado con su crueldad.
39:00Este hallazgo era más que un simple recuerdo del pasado, era una prueba. Una prueba tangible
39:08que corroboraba la versión que Damián había sostenido todo este tiempo sobre la desaparición
39:12y el tormento de José. Era la evidencia física de un amor que había sido brutalmente aplastado.
39:20El origen de una tragedia que seguía proyectando su larga sombra sobre todos ellos. Casi al mismo
39:26tiempo, en el dispensario, la tragedia se manifestaba de una forma mucho más inmediata y brutal.
39:34La crisis de la saponificación había alcanzado un punto crítico. Luz y Begoña corrían de
39:40una cama a otra, sus rostros pálidos de agotamiento y estrés. El goteo de trabajadores enfermos se
39:48había convertido en una inundación. Y entonces ocurrió.
39:51Un hombre, Ricardo, un operario veterano y padre de tres hijos, comenzó a convulsionar.
40:01Sus pulmones, destrozados por los químicos, luchaban desesperadamente por un aire que ya
40:06no podían procesar. Sus ojos se abrieron de par en par, llenos de pánico, mientras su cuerpo
40:13se arqueaba en un espasmo agónico. «Luz, aquí», gritó Begoña, su voz temblando de pánico. Luz
40:21corrió a su lado, intentando administrarle un sedante, buscando a tientas un pulso que
40:26se desvanecía. «Aguanta, Ricardo, por favor, aguanta», le suplicaba, aunque sabía que era inútil.
40:35Se vieron completamente desbordadas, enfrentándose a la cruda realidad de que sus conocimientos
40:42y sus escasos recursos no eran suficientes. Estaban perdiendo la batalla, y mientras Ricardo
40:49daba su último y estertóreo aliento, convirtiéndose en la primera víctima mortal oficial de la
40:55codicia y el secretismo de la empresa, Luz sintió una oleada de furia tan intensa que
40:59la dejó sin aliento. La mentira de la reestructuración técnica se le antojó una blasfemia, un insulto
41:07a la memoria del hombre que acababa de morir en sus manos. En ese momento, juró que no
41:14descansaría hasta que se hiciera justicia. La discreción impuesta por los de la reina
41:18acababa de morir junto con Ricardo. Epílogo. El alba de las despedidas. El amanecer del viernes
41:2622 de agosto llegó con una luz pálida y enfermiza, como si el propio cielo estuviera
41:31de luto. En la casa del monte, Marta despertó sola. El frío del lado vacío de la cama fue
41:39lo primero que notó. Se incorporó, confundida, llamando a Fina. Al no obtener respuesta, vio
41:47una nota doblada sobre la almohada. Con manos temblorosas, la abrió. Marta, amor mío, cuando
41:55leas esto, ya estaré lejos. No puedo explicarte por qué, no ahora, quizás nunca, solo puedo
42:03decirte que lo hago por ti, para protegerte. Necesito tiempo, necesito espacio. Por favor,
42:10no me busques. Sigue con tu vida. Sé feliz. Te querré siempre, Fina. Las palabras eran
42:18dagas de hielo. No tenían sentido. ¿Protegerla? ¿De qué? El papel cayó de sus manos mientras
42:23un sollozo desgarrador se rompía en su garganta. Un grito de dolor y confusión que se perdió
42:28en la inmensidad silenciosa de la montaña. En el puerto, una figura solitaria subía a la
42:36pasarela de un gran barco de vapor. Fina, con una pequeña maleta en la mano y el rostro
42:41oculto bajo el ala de un sombrero, no miró atrás. Cada paso era una tortura. Con cada
42:48metro que la alejaba de la tierra, sentía cómo se rompía el hilo invisible que la unía
42:53a Marta, a su vida, a todo lo que había amado. El sonido de la sirena del barco fue el grito
43:00final de su antigua existencia. En la casa grande, María, en la soledad de su habitación,
43:06se puso de pie. Sin ayuda, dio un paso, luego otro, y otro, hasta llegar al espejo. Se miró,
43:15y la mujer que le devolvió la mirada no era una inválida. Era una superviviente, una jugadora,
43:22una sonrisa lenta y calculadora se dibujó en sus labios. El juego acababa de cambiar de reglas,
43:29y en el dispensario, Luz, con los ojos enrojecidos por el llanto y la falta de sueño, colgó su bata.
43:37Miró el cuerpo de Ricardo, ahora cubierto por una sábana blanca. La primera víctima.
43:44La primera de cuantas, tomó el informe de los peritos, que había conseguido de la oficina de
43:49Joaquín, y lo guardó en su bolso. La discreción había terminado, era hora de la verdad, aunque le
43:56costara todo, el sol se elevaba en el horizonte, prometiendo un nuevo día. Pero para los habitantes
44:04de la colonia de la reina, no era un nuevo comienzo. Era la continuación de una noche
44:09demasiado larga, una noche cuyas sombras se extenderían mucho más allá del amanecer,
44:14marcando sus destinos con el hierro candente del sacrificio, la mentira y un sueño de libertad
44:19que parecía, más que nunca, inalcanzable.
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