Leire Díez tiene de periodista lo que el negro Bertrand Ndongo de bailarina del Bolshoi ruso.
Y tiene coña el asunto.
Porque los paniaguados la APP, que ponen el grito en el cielo y maniobran, compinchados con Patxi López, para expulsar a Ndongo del Congreso de los Diputados, no han dicho ni mus sobre la sicaria socialista, quien alardea de ser ‘periodista de investigación’.
Este gremio mío, tan divertido y desventurado, está fatal.
Los fontaneros han formulado una enérgica protesta, ofendidos porque se asocie su honorable oficio -en España hay 14.000 empresas de fontanería- con las actividades delictivas que la paisana desarrollaba a la sombra de Santos Cerdán, desde esa cloaca que es la sede-puticlub del PSOE en la calle Ferraz.
Y va Leire y asegura rotunda que es ‘periodista’ y los periodistas ni pestañean. A tragar, no se vaya a enfadar el marido de Begoña y les corten la subvención.
Dentro de nada tendremos de tertuliana a la ‘sicaria’ en los programas que pagamos todos a Cintora, Ruiz, Intaxaurrondo o Fortes, baluartes mediáticos de la manipulación y el sectarismo sanchista.
No les oculto que me divierte y mucho este vodevil.
Sanchez y su cuadrilla de maleantes, que iban de invencibles, de genios del relato y maestros de la estrategia política, son tontos del culo.
Tontos con una capacidad infinita para el ridículo. Por si no nos parecía bastante lo de Begoña ‘catedrática’ la ‘Danza de las Chirimoyas’ del hermano músico, las ‘sobrinas’ colocadas, el borrado de móviles del fiscal García Ortiz y los furgones de putas de Ábalos, van y se dejan grabar chapoteando en las fosas sépticas de la política, intentando reunir basura para desactivar a la UCO de la Guardia Civil.
Y para colmo, cuando simulan que han echado del partido a la ‘pocera’ y le montan una comparecencia sin preguntas, para que difunda el argumentario preparado por La Moncloa, se presenta Aldama en el hotel y les revienta el guateque.
Y después peregrinan donde Risto, para vender victimismo, y terminan acorralados y haciendo bueno el título del programa, que para su desgracia se llama ‘Todo es mentira’.
La tal Leire Díez, que tiene ya 50 años, se licenció en Ciencias Sociales y de la Información por la Universidad del País Vasco, en 1997.
En eso no miente. Pero que alguien con dos dedos de frente y una pizca de sentido común, que no se adicto al Psoe, me diga cómo es posible que en los 28 años transcurridos desde entonces no haya publicado un artículo o firmado un reportaje.
Y sin embargo le ha dado tiempo ha ocupar, gracias al dedazo de Sánchez, cargos de relumbrón y con un sueldo opíparo en Enusa o Correos, donde fue Directora de Filatelia.
Dice la interfecta que está escribiendo un libro.
Pues como no se una versión hortera del Decamerón o un remake cutre del Kamasutra, no me ocurre que puede tener en mano medianamente digno.
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