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  • hace 2 años

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00:00Amanece en Cluj en la región rumana de Transilvania. Aquí, la crisis del
00:05coronavirus ha hecho que Grigori Lup, un zapatero de 55 años, reinvente su negocio
00:11para sobrevivir. Tuvo que enviar al paro temporal a sus 10 trabajadores en marzo
00:15después de que se interrumpieran bruscamente los encargos que
00:18normalmente proceden de teatros, óperas y grupos de baile populares que en medio
00:23de la pandemia cesaron su actividad para evitar la propagación de la COVID-19.
00:28Fue entonces cuando tuvo una idea para poder seguir activo durante la crisis.
00:33Nadie respetaba la distancia social y pensé, voy a hacer tres pares de estos zapatos,
00:39los pondré por internet y los llamaré zapatos de distanciamiento social para llamar la atención.
00:44Y así empezó a hacer estos zapatos gigantes que garantizan a quien los lleva que nadie se
00:51acerque más de lo necesario. Como todos los que producen su taller, estos zapatos de apariencia
00:57estrafalaria están hechos a mano y son de piel natural. Los zapatos son de un número normal en
01:02la parte posterior en la que debe meter el pie el cliente. Lo excepcional viene cuando terminan
01:07los dedos, donde empieza una punta rellena de un material ligero como la suela, que equivaldría
01:12a un número 75 de pie. Lup explica que si dos personas al encontrarse en la calle llevaran sus
01:18zapatos, la distancia que les separaría sería de un metro y medio. Y aunque al principio fue
01:23fundamentalmente una broma, cuenta que ha recibido ya ocho encargos procedentes de
01:28Rumanía, Inglaterra y Canadá, desde que numerosos periódicos y televisiones de
01:32Rumanía y otros países se hicieran eco de su iniciativa.

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