En el juego infantil podemos observar claramente un desarrollo en espiral que cada vez se hace más rico y complejo: un juego que, con cada aprendizaje, el niño es impulsado hacia nuevas metas y nuevos logros.
De los 2 a los 7 años, el niño pasa de un juego de ejercicio al nacimiento de las acciones simbólicas: esto significa que a través del uso del lenguaje empieza a expresar y representar cosas y personas, deseos y acciones realizadas o que están aún por realizar.
A partir de esta edad el juego se vuelve sumamente complejo por las combinaciones que desarrolla y es donde se complica distinguir las etapas por las que pasa, porque la estimulación que recibe del medio, su nivel de madurez y la experiencia que ha acumulado hacen que cada niño pase por estas etapas lúdicas, con diferente intensidad, proyectando sus propios deseos y problemáticas y con un ritmo acorde a su personal manera de ser.
Por eso ya no es clara la frontera entre la asimilación de acciones propias y la imitación de animales, personas y personajes fantásticos, pues estos elementos están íntimamente unidos e integrados en la personalidad del niño. Lo importante aquí es que ya puede hacer la reconstrucción de escenas enteras y no simples imitaciones aisladas.
Algunos ejemplos de este tipo de juegos son las conversaciones de la niña sobre lo que vio en el parque o en casa de su abuela, y platica consigo misma o con sus juguetes: así toma un muñeco como un amigo y lo mueve como si éste actuara en realidad o con un coche hace como que le carga la gasolina, les presta su voz a los animales y juega carreras con ellos.
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