En el Seaview se ha instalado un nuevo e ingenioso superordenador que, según su creador, podría reemplazar a la tripulación con la misma facilidad con la que se estropea Windows. La máquina debe dirigir el submarino solo con el capitán Crane a bordo. Debe haber un oficial a bordo, ya que el Seaview podría ser reclamado como salvamento marítimo si se aborda sin que nadie se encontrase a bordo. Después de una extraña serie de pruebas, la situación se complica cuando Crane descubre que no está solo en el submarino y el ordenador empieza a actuar como si tuviera una mente propia.
Se produce el consabido juego del gato y el ratón mientras la máquina guía al submarino hacia una cita no programada con una potencia extranjera que planea apoderarse del nuevo sistema informático y utilizarlo para pilotar drones submarinos. Crane se esfuerza por evitar que esto ocurra y por no acabar muerto a manos del agente que planea hacer que su muerte parezca accidental.
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