El frío retrasa la velocidad de las reacciones químicas, retardando potencialmente las reacciones que causan lesiones permanentes en pacientes que han sufrido derrame cerebral u otros traumatismos dentro de la cabeza. Los intentos de crear este efecto en animales fueron lo bastante satisfactorios como para que se acometieran esfuerzos destinados a adaptar este enfoque para iniciar ensayos clínicos en humanos.
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