La criónica (a menudo denominada erróneamente criogenia) es la práctica de criopreservar humanos o animales a los que la medicina actual no puede mantener con vida, hasta que la resucitación sea posible en el futuro.
Actualmente el proceso no es reversible y, por ley, sólo puede llevarse a cabo en humanos después de que se produzca la muerte legal, con la expectativa de que en el futuro los primeros estadios de la muerte clínica sean reversibles (ver muerte teórica de información).
Gran parte de los científicos y médicos ven la criónica con escepticismo. Sin embargo, entre los crionicistas hay una elevada representación de científicos.[1] El apoyo científico se basa en proyecciones de tecnología futura, especialmente nanotecnología molecular y nanomedicina. Algunos científicos creen que la medicina del futuro, dentro de algunas décadas o siglos, permitirá la reparación y regeneración a nivel molecular de los órganos y tejidos dañados. Se prevé que la enfermedad y el envejecimiento también serán reversibles.
La premisa principal de la criónica es que la memoria, la personalidad y la identidad se encuentran almacenadas en la estructura y la química cerebrales. Aunque este punto de vista es ampliamente aceptado en medicina, y se sabe que la actividad cerebral puede detenerse y después reactivarse bajo determinadas circunstancias, como regla general no se acepta que los métodos actuales preserven el cerebro lo suficientemente bien como para permitir la reanimación en el futuro. Los crionicistas señalan estudios que muestran que la circulación de grandes concentraciones de crioprotectores por el cerebro antes del enfriamiento puede prevenir la mayoría de las lesiones producidas por la congelación, preservando las delicadas estructuras celulares del cerebro en las que presumiblemente residen la memoria y la identidad.
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