Una interfaz cerebral es un canal de control y comunicación electrónico, que no utiliza los nervios periféricos y músculos, vías de salida normales del cerebro, sino que transforma directamente procesos cerebrales en acciones.
Los interfaces cerebrales analizan la actividad cerebral y detectan estados mentales del usuario, en tiempo real. Luego, los transforman en órdenes operativas: seleccionar una letra de un teclado virtual o mover una silla de ruedas. Y ambas acciones sin que la persona ejecute ningún movimiento. Basta con que se imagine movimientos de sus propias extremidades o ejecute mentalmente las tareas de relajación, rotación de figuras geométricas o selección de palabras que comiencen por la misma letra.
Aunque estos prototipos de interfaces cerebrales son de creación reciente, los ensayos y las ideas básicas datan de los años setenta, cuando se comprobó que los monos podían aprender a regular la actividad eléctrica de sus neuronas y que era posible predecir la dirección de la mirada de una persona a partir de la actividad eléctrica global del cerebro, los así llamados potenciales visuales evocados.
Esta posibilidad de enviar órdenes mentales directas a una máquina se sustenta en una peculiaridad del cerebro: codifica de manera distribuida cada una de nuestras capacidades, lo mismo motoras (agitar una mano) como cognitivas (el lenguaje); es decir, cada región cerebral participa en más de una tarea mental, al tiempo que cada tarea activa diversas regiones con intensidad y ritmos sutilmente diferentes.
Comentarios