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Patrullero P74 ATALAYA, 1995

Txema Prada
hace 13 años|7.3K views
Patrullero ATALAYA (P-74)
Es el cuarto y último buque de la Clase "Serviola". Su construcción se inició en diciembre de 1989 en la factoría de la Empresa Nacional Bazán (actualmente Grupo NAVANTIA) en Ferrol, y fue entregado a la Armada el 29 de junio de 1992. Tiene su base en la Estación Naval de La Graña (Ferrol) y opera directamente a las ordenes del Jefe del Mando de Acción Marítima de Ferrol.

Entre las misiones que ha llevado a cabo, destacan su permanencia en los caladeros de Terranova durante el conflicto del "fletán” con Canadá en 1995, el apoyo a la flota pesquera española durante las campañas veraniegas anuales del bonito y su participación en las operaciones posteriores a la recuperación del islote Perejil en 2002 y de apoyo al desastre ecológico del “Prestige” en 2003.

Caracteristicas:
ESLORA: 68 mts.
MANGA: 10,33 mts.
CALADO: 3,36 mts.
DESPLAZAMIENTO: 1.200 Tns.
VELOCIDAD: 20 nudos.
ARMAMENTO:
• Cañón 3”/50.
• 2 Ametralladoras Browning de 12,7 mm.
DOTACIÓN: 48 pax

Video:
1995, Oceano Atlántico Norte, Terranova, Canadá. Navegando en el Patrullero de la Armada Española P-74 ATALAYA, en comisión de apoyo a los pesqueros que faenan en las heladas aguas canadienses del Atlantico Norte durante la famosa "Guerra del Fletan".

El "master" del video en realidad está milagrosamente capturado de una antigua cinta doméstica de video VHS, de cuando se estilaban las camaras de video tamaño armario, por lo que su calidad de resolucion e imagen no es comparable a las virguerias digitales de hoy, pero el contenido de sus imágenes revelan el encanto de toda su historia sobre la vida a bordo de nuestros marinos por esos mares del mundo.

Desde aqui, mi admiracion a esas sufridas y calladas dotaciones de los patrulleros de altura que ademas de tenerlos, los tienen bien puestos.

Como dice Anabac, en seis palabras: llevaron un carallo como un brazo.

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Historias del Fletan
10/7/2006 • Navy Alpha OOO

"La noche invitaba a largarse, sin embargo, el Atalaya capeaba el temporal como podía, mar gruesa, lluvia fuerte y aunque parezca mentira una niebla espesa que no se veía el cañón desde el puente. La meteorología en Terranova era así de extraña.

De pronto, avisaron al comandante que un barco pedía socorro en inglés. El comandante del ATALAYA subió al puente, y por canal 16, estableció contacto con un enorme congelador noruego de 12.000 Tns, casi tan grande como el Príncipe de Asturias, tenían un herido abordo y necesitaban evacuarlo.

El comandante a la vista de la situación hizo por el noruego y le propuso esperar a que amaneciese para hacer el traslado. Dos horas más tarde apareció de entre la niebla un barcarrón que hizo por el Atalaya. Daba miedo aquella mole inmensa prácticamente a nuestro costado.

Su capitán debía ser un buen marino. Se colocó a barlovento, puso una zodiac en el agua y en el remanso que creaba con su mole, nos traspasó a un joven marinero que llevaba casi una semana con la rodilla rota. Una pasteca de hierro le había golpeado y la rotula se la había desplazado a la parte de atrás. Lo acogimos a bordo, se le entablilló la pierna y se le dieron calmantes, pero nada se podía hacer.

El comandante se mantuvo en las proximidades del noruego. Nada se podía hacer por la rodilla del chaval, así que se le propuso devolvérselo y que ellos lo traslasen a un hospital de San Juan de Terranova.

La respuesta del capitán del barco noruego fue acelerar y largarse en silencio, ellos no podían perder la marea por salvarle la pierna a uno de sus hombres.

Trataron los españoles de alcanzar al congelador y fue imposible.

El chaval, llorando de dolor, le contó al comandante que esos buques congeladores nunca se paraban, el negocio era el negocio, que un mes antes habían perdido a un hombre y que nada hizo el barco por recuperarle.

El ATALAYA estaba a más de 200 millas de San Juan, en pleno temporal, y lo más que pudo hacer por aquel desgraciado fue trasladarlo a un pesquero portugués que acababa de terminar su marea y se iba para las islas Feroes.

El marinero noruego seguro que se quedó cojo, pero cuando se despidió del comandante del patrullero ATALAYA lo hizo emocionado, nunca lo habían tratado a bordo con el cariño que lo trataron los españoles en los escasos cuatro días que estuvo en el Atalaya.

La mar es dura, pero los hombres hay veces que la hacemos mucho más. "