Si esperas la misma remuneración que otras personas por el mismo trabajo, no eres la única especie en desarrollar ese sentido de justicia. Culpa a la evolución. Los investigadores que estudian a los monos capuchinos marrones (Cebus apella) han encontrado que esas especies altamente sociables y cooperativas nativas de América del Sur muestran un sentido de justicia, la primera vez que dicho comportamiento ha sido documentado en otra especie distinta de los humanos. La pregunta de si la aversión humana a tratos injustos, mostrada ahora por otros primates, es un comportamiento desarrollado o es el resultado de la influencia cultural de las grandes instituciones sociales como la religión, los gobiernos y las escuelas, en el caso de los humanos, ha intrigado a los científicos en los últimos años. El nuevo hallazgo sugiere que la evolución puede tener algo que ver con eso. También pone de relieve cuestiones sobre la naturaleza económica y la evolución y su relación con el sentido de una especie de justicia, al tiempo que añade un nuevo capítulo en nuestra comprensión de los primates.
"Parece que este comportamiento forma parte de la evolución... no es simplemente una construcción cultural. Hay una buena razón evolutiva por la que no nos gusta ser tratados injustamente", dijo Sarah Brosnan, autora principal del estudio que se publicó en la revista científica Nature y que recoge National Geographic. Brosnan, Doctora en Biología, especializada en zoología y psicología en el “Yerkes National Primate Research Center and Living Links” en la Universidad de Emory en Atlanta, dijo que su investigación estuvo inspirada, en parte, por los estudios sobre la cooperación humana realizados por el economista suizo Ernst Fehr, quien encontró que las personas rechazan inherentemente la injusticia.
Para probar si este comportamiento se encuentra en otras especies, Brosnan diseñó un experimento para monos capuchinos marrones, una especie bien conocida por sus fuertes lazos sociales y un comportamiento relativamente cooperativo, sobre todo en compartir las actividades de recolección de alimentos, como cazar ardillas y localizar árboles frutales. Los individuos fueron escogidos de dos grandes y bien establecidos grupos sociales de capuchinos marrones en cautividad, existentes en el Yerkes National Primate Research Center y fueron emparejados. Las parejas fueron colocadas una al lado de la otra y entrenadas para intercambiar con los humanos una pequeña roca de granito en un intervalo de 60 segundos para recibir una recompensa, en la mayoría de los casos, un trozo de pepino.
"Esto realmente podría sonar simple, pero no muchas especies están dispuestas a renunciar a cosas, especialmente intencionalmente", dijo Brosnan (si no, piense en tratar de interponerse entre un hueso y la boca de un perro.) Sólo fueron puestos a prueba los capuchinos hembra, ya que es más fácil comprobar el trato justo entre sus compañeros, dijo Brosnan. Los otros compañeros de capuchinos que también canjearon la roca de granito recibieron el mismo premio (una rodaja de pepino), o una recompensa mejor (una uva, un alimento más deseable), para la misma cantidad de trabajo o, en algunos casos, sin llevar a cabo ningún trabajo en absoluto. Brosnan dijo que la respuesta al trato desigual fue sorprendente: los capuchinos que fueron testigos de un trato injusto y no se beneficiaron de una recompensa, a menudo se negaban a realizar el canje de la piedra con los investigadores humanos, no querían comer los pepinos que recibían por su trabajo y, en algunos casos, arrojaban los alimentos recibidos a los investigadores.Esas acciones fueron significativas. Confirmaron que no sólo los capuchinos esperaban un trato justo, sino que el deseo humano de justicia tiene una base evolutiva.