Se trata de un ejercicio respiratorio taoísta muy antiguo y bastante esotérico, que no debe practicarse regularmente hasta que no se haya llegado a dominar la respiración abdominal normal. Técnica: Vacíe completamente los pulmones e inicie una lenta y profunda inhalación por la nariz. Pero en vez de dejar que el abdomen inferior se expanda durante la inhalación, contráigalo deliberadamente hacia adentro mientras se llenan los pulmones. El diafragma deberá ejercer una fuerte presión hacia abajo para impedir que la contracción de la pared abdominal empuje los órganos internos hacia la cavidad torácica. Cuando tenga llenos los pulmones, aplique los cerrojos anal y de cuello (el cerrojo abdominal ya estará aplicado), trague con fuerza para «hundir» el Qi y haga una breve retención.
Durante la exhalación, relaje gradualmente la pared abdominal y deje que se expanda hacia afuera, en lugar de contraerla hacia el interior como sucedería en la respiración abdominal normal. Haga una pausa, relaje y comience otro ciclo, hasta completar más o menos una docena de respiraciones por sesión.
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