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  • hace 9 años
Para la realización del trabajo, se analizaron las emisiones de cinco tipos de explotaciones gallegas de vacuno: extensiva, semiextensiva, de bueyes, de desvieje e intensiva (cebadero). Los peores datos de emisiones correspondieron a las explotaciones extensiva, semiextensiva y a la de bueyes, con valores que oscilan entre los 17 y 20 kilos de dióxido de carbono (CO2) por kilo de carne producido; en tanto las menores emisiones se registraron en las explotaciones intensivas y de desvieje, con entre 2 y 3 kilos de gases emitidos por cada kilo de carne. La explicación de la amplia diferencia entre las ganaderías extensivas y las intensivas se debe principalmente a una cuestión de eficiencia. “En las explotaciones extensiva y semiextensiva hubo una baja producción de carne por factores diversos como la mortandad de los animales o una tasa de preñez baja, lo que hizo aumentar la cantidad de emisiones que recae sobre cada kilo de carne”, explica Inmaculada González, técnica del Centro Tecnolóxico da Carne, que recientemente presentó las conclusiones del estudio en una jornada de la Asociación Galega de Cooperativas Agroalimentarias (Agaca), entidad que colaboró en el proyecto.

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