Tras la caída de Roma, poco a poco la producción de vidrio languidece. Sólo se fabrica vidrio en forma cruda, como el alemán Waldglas. En la Edad Media, fue la Iglesia la que habría de impulsar la produción de vidrio para las vidrieras de sus templos. La primera referencia a la fabricación de vidrio veneciano data del año 982. Concentrada en la isla de Murano, la industria veneciana dominó el mercado europeo hasta el año 1700. A mediados del siglo XV, Angelo Barovier crea un vidrio incoloro y de gran transparencia conocido como cristallo y que consistía en la añadidura de manganeso a la sosa de vidrio. Hacia finales del siglo XVI, los sopladores de vidrio explotaron la ductilidad del material para producir auténticas maravillas con filigranas decorativas. Venecia ejerció una política proteccionista con sus vidrieros, aún así, muchos de ellos emigraron a otros países exportando su técnica. De esa forma, en Alemania apareció el vidrio potásico, más grueso y más duro que el cristallo y muy apropiado para la decoración grabada con rueda giratoria. Especialmente importante fue el descubrimiento del inglés George Ravenscroft (1674) del vidrio de protóxido de plomo. Más brillante y con más facilidad para el tallado, este tipo de vidrio fue considerado el de mayor calidad en el siglo XVIII, dominando los mercados europeos y coloniales. A mediados del siglo XVIII se logra el control satisfactorio de impurezas en el vidrio. El siglo XIX se caracteriza por los rápidos avances tecnológicos de esta industria y por el redescubrimiento y adaptación de métodos antiguos. A partir de 1840 se popularizaron en todo tipo de piezas los diseños más sencillos, conocidos por vidrio prensado decorado.