Hoy tenemos nueva decoración en el estudio. Del gran pintor Regulo Pérez, su impactante versión sobre la fauna y la flora, “los petroglificos y la faja petrolífera del orinoco” (acrílico sobre tela), realizado durante este año por su autor. Precisamente hoy Regulo Pérez inaugura en el museo soto de ciudad Bolívar una muestra retrospectiva (1951-2013) que recoge buena parte de su amplio y brillante trabajo artístico. Así mismo tenemos una obra del artista plástico nacido en el estado Portuguesa Gerardo Falcón, el “guerrero con daga y papel” (acrílico sobre tela), el cual tiene un contenido subliminar sobre Comandante Supremo Hugo Chávez.
Es positivo todo cuanto ocurre respecto al tema de la corrupción. Está despertando el interés de los ciudadanos y se observa un creciente interés por participar. Hasta ahora pasaba lo contrario. El tratamiento del tema era absolutamente formal, de grupos políticos y de campañas electorales. Aparecía y desaparecía de acuerdo a las circunstancias y su característica más importante era la retórica.
Ahora, según parece, descendemos de la retórica y comenzamos a pisar tierra. El debate adquiere fuertes tonalidades y cobra fuerza en la medida en que se radicalizan las posiciones. Lo cual es altamente positivo, porque es lo que permite que se diluciden cuestiones claves, que se abran las puertas a la denuncia, que la gente se motive y deje de observar el fenómeno como algo exclusivo de los que hacen la política, y no de la gente común y corriente.
No hay porqué escandalizarse con el debate. Si hay excesos se impone corregirlos, pero no satanizar el debate como tal. En los parlamentos del mundo siempre hay fuertes tensiones, enfrentamientos recios, incluso en aquellos países que tienen fama de ponderados y en los que funciona la democracia. Los venezolanos no somos suizos, y, por tanto, la polémica entre nosotros enardece los ánimos. Pero si hay sinceridad y disposición de dar respuesta contundente al flagelo en el marco de la constitución y leyes de la república, hay que prepararse para escuchar cosas duras. Escarbar en la podredumbre de la corrupción y quitarle el velo de la complicidad que la recubre, tiene un riesgo que vale la pena afrontar sin hipocresía, pretendiendo posar de falsos patricios.
La corrupción tiene efectos letales sobre la sociedad y las personas, y por consiguiente no es posible pensar que el tratamiento del tema y la puesta en marcha de medidas destinadas a encararla, no tropiece con fuerte resistencia. Su capacidad para mimetizarse, para enervar el ordenamiento jurídico, para neutralizar las investigaciones, para auspiciar la impunidad, es enorme. Por eso, pese a que recién comienza el proceso de desmontaje y combate del flagelo, surgen en el camino los primeros obstáculos. Ejemplo, el silencio o las deformaciones en que incurren los medios de comunicación, las posturas alcahuetas que asumen partidos políticos, dirigentes, e, inclusive, gente que no actúa directamente en política,
Comentarios