Comienzan recogiéndolos de la calle, les permiten que críen, camada tras camada, son incapaces de deshacerse de ellos, de reconocer que no pueden alimentar a 50 bocas, ni mucho menos darles la atención sanitaria que merecen. Es el síndrome de Noé, un trastorno que, lejos de ser un hecho aislado, se repite constantemente por la geografía española, pero que no es noticia hasta que algún vecino se queja y las administraciones toman medidas.
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