La persecución de Diocleciano, también llamada «Gran Persecución», fue la última y quizá más sangrienta persecución a los cristianos en el Imperio romano. En 303, la tetrarquía formada por los augusti Diocleciano y Maximiano y los cesares Galerio y Constancio emitió una serie de edictos que abolían los derechos legales de los cristianos y exigían a la vez que cumplieran con las prácticas religiosas tradicionales. Edictos posteriores se enfocaron en el clero y demandaban sacrificios universales, ordenando a todos los habitantes realizar sacrificios a los dioses. La persecución varió en intensidad a lo largo del imperio —las represiones más débiles se presentaron en Galia y Britania, donde únicamente se aplicó el primer edicto, mientras que las más violentas se dieron en las provincias orientales—.
Comentarios