Con el inicio del período Meiji, el gobierno japonés ilegalizó el tatuaje, buscando proteger su imagen y dar buena impresión al Occidente. De esta forma, el irezumi tomó connotaciones de criminalidad. Lo curioso fue que los extranjeros, viendo este tipo de arte, se quedaron enamorados y buscaban a tatuadores que pudieran dibujarles alguno de sus diseños, por lo que el tatuaje tradicional continuó existiendo, aunque en la sombra. El tatuaje tradicional japonés (a mano) todavía se sigue haciendo, por supuesto, pero lógicamente es más caro, lleva más tiempo, y es más doloroso. Un tradicional traje ‘body suit’ (que tape brazos, espalda, parte superior de las piernas y pecho, aún dejando sin pintar el centro, lo que sería la zona del esternón) puede llevar 5 años de trabajo, realizando visitas semanales, y costar cerca de 30.000 euros.
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