Según la tradición judía, en la fiesta de Pesaj las casas deben ser limpiadas de todo vestigio de pan y harina. Por ello la gente se agolpa en las panaderías para deglutir los últimos carbohidratos antes de la festividad. Para los panaderos las pascuas judías son una especial oportunidad para descansar y renovarse. Pero tampoco demasiado: dentro de dos semanas, apenas terminada la fiesta, los clientes regresarán nuevamente a las panaderías para adquirir el ansiado y añorado alimento.
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