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  • hace 15 años
Viajar con el “Tío Simón” cada vez se hacía más divertido pero más difícil. Él nunca cambiaba la hora de su reloj, que se mantenía fija en Caracas, como si una parte de su persona seguía en Venezuela. Simón Díaz adora tanto a Venezuela que sacarlo de viaje se asemejaba a una tortura

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