El aumento de la necesidad de micción está relacionado con un proceso fisiológico.
Básicamente, el organismo cuenta con dos mecanismos para la eliminación de los líquidos excedentes: la orina y la transpiración. Cuando hace frío se disminuye la sudoración, lo que limita la posibilidad de desechar el líquido a través de la transpiración. Al quedar el líquido circundando, el riñón lo reconoce y lo produce en orina. Por ejemplo, si se toma un litro de agua, ese líquido va a ser eliminado en su mayoría por los riñones mediante la micción; mientras, otra pequeña cantidad, se expulsará a través de la transpiración. En consecuencia, al suprimirse el sudor -que es un medio de refrigeración corporal- por la presencia del frío, el líquido que el organismo reconoce como en exceso se eliminará a través de la orina. Otro aspecto que interviene en la producción de la orina es la cantidad de líquidos que se ingieren.
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