El estudio que en 1998 vinculó el autismo con la vacuna de la triple vírica creó una ola de pánico era simple y llanamente "un fraude". Lo ha asegurado la revista 'British Medical Journal' en Enero de 2011 en un artículo y un editorial que no hacen más que confirmar los datos que puso de manifiesto una investigación hace un año. Este nuevo examen del caso demuestra que la investigación liderada por Andrew Wakefield alteró los datos sobre el historial de los pacientes "con el objetivo de apoyar su teoría de que había identificado un nuevo síndrome". De hecho, los documentos indican que, pese a que Wakefield aseguró que nueve de los 12 niños analizados en su trabajo presentaban autismo después de haber sido vacunados, la realidad es que sólo a uno se le confirmó un autismo regresivo. Además, al contrario de lo afirmado por Wakefield, lejos de estar sanos, a cinco de los pequeños se les había detectado previamente algún tipo de problemas en el desarrollo.
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