La venerada diosa, según los residentes del lugar, es muy milagrosa, pero los encargados de hacer esa conexión, entre María Lionza y sus devotos, son los maestros chamanes del lugar. En un rito realmente impresionante; los chamanes guiados por una bruja entran en un profundo trance, supuestamente posesionados por algún espíritu, concedido por la diosa. Cuando el chamán está en su punto máximo de posesión, comienza a convulsionar y emanar sangre por la boca. Como prueba de su poder, proceden a insertarse, sin ningún tipo de anestesia, inmensas agujas por el rostro o por el cuello. El chamán, poseído por el espíritu, comienza a atender a sus pacientes curándoles de cualquier mal, ya sea VIH, mujeres que no pueden concebir, tuberculosis, etc. Cuando acaba de atender a la gran fila de pacientes, es momento de que el espíritu deje el cuerpo del chamán, entonces otro rito comienza para liberar el cuerpo de este.
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