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  • hace 15 años
El potro o ecúleo era un instrumento de tortura. El condenado era atado de pies y manos a una superficie conectada a un torno. Al girar el torno tiraba de las extremidades en sentidos diferentes, usualmente dislocándolas pero también pudiendo llegar a desmembrar a partir de la rotura de huesos o articulaciones. El potro fue usado, entre otros, por la Inquisición Española. Te tumbaban en un mesón de madera y ataban las muñecas al cabecero de esta, los pies se ataban a su vez fijados a un rodamiento que por medio de un mecanismo iba enrollando la cuerda de tus pies, al hacerlo se generaba una tensión que hacia que el cuerpo se estirase al máximo. Los huesos no podían dar mas de si y acababan desencajando hombros y caderas cuando la fuerza de los músculos fallaba.

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