Stephen Curry tenía motivos de sobra para sentirse frustrado la noche del viernes. Los Golden State Warriors contaban con el apoyo de su público, llegaron a tener una ventaja de dos dígitos en el último cuarto y parecían encaminados a inaugurar su calendario en el Chase Center con una victoria. Sin embargo, vieron cómo los Memphis Grizzlies remontaban para llevarse el triunfo por 111-108, convirtiendo lo que prometía ser una gran noche en un doloroso revés en el inicio de la temporada.