Vecinos siguen reportando casos de agua contaminada en los hogares de la zona metropolitana de Guadalajara, pese al compromiso del gobierno estatal de potabilizarla.
Vecinos de Guadalajara y Tlaquepaque han documentado en redes sociales agua de coloración negra, amarillenta y turbia, con espuma y malos olores.
Ante la crisis, el gobernador Pablo Lemus reconoció que la ciudad vive “una crisis de agua potable como nunca antes” y anunció dejar de usar el agua de la presa de Las Pintas y del sistema antiguo de Chapala, lo que implica un recorte de hasta 2.5 metros cúbicos por segundo y un racionamiento de al menos seis meses.
El Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) asegura que trabaja en el fortalecimiento de la planta potabilizadora de Miravalle y en la limpieza de líneas, pero admite que habrá bajas presiones.
La solución definitiva —un acueducto sustituto Chapala-Guadalajara— tardará dos años en construirse, mientras los hogares siguen recibiendo agua contaminada.