00:10Un día, cuando era niño, mi padre me preguntó cuántos cascabeles había visto en mi vida.
00:18Yo, por supuesto, había visto cientos.
00:25Entonces me recordó que en los años de la conquista, los taínos entregaban gozosamente su oro a cambio de ordinarios
00:31cascabeles.
00:34No le interesaba el engaño, sino que el único valor de aquellos cascabeles consistía en haber sido movidos del lugar
00:40donde abundaban hasta el lugar donde no existían.
00:46El oficio del hombre moderno, según mi padre, debía de ser ese, recorrer el mundo y mover cascabeles.
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