103 días después de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán, el conflicto en Oriente Medio se ha prolongado el tiempo suficiente como para convertirse en un problema para el Banco Central Europeo (BCE). La inflación de la eurozona ha pasado del 1,9% registrado en febrero al 3,2% de mayo, alejándose del objetivo del 2% que guía la política monetaria de la institución presidida por Christine Lagarde. Durante los primeros compases de la guerra, el BCE optó por la "cautela" para evitar una sobrerreacción ante un conflicto cuyo alcance y duración todavía resultaban inciertos. La prioridad consistía en preservar margen de maniobra por si la guerra se prolongaba y las tensiones sobre los precios terminaban consolidándose. Tres meses después, precisamente este escenario es el que comienza a imponerse entre los analistas y miembros del Banco Central.
Comentarios